Si algo hay que reconocerle a Cuba, a su Gobierno y a su gente es que poseen una capacidad de resistencia que raya en lo épico. Resisten los embates endemoniados de la naturaleza cuando algún huracán decide visitar sus costas. Han sido capaces de aguantar un bloqueo planteado con la intención de torcerles el brazo y, aunque para muchos la penuria es el pan nuestro de cada día, ellos se han hecho expertos en vencer no solo la escasez, sino también el tiempo.
La heroicidad de este pueblo es más notable cuando, contra viento y marea, han aguantado estoicamente el inexorable paso del tiempo y hoy, en plena era digital, en la más extensa población insular del Caribe, subsisten prácticas comerciales de hace cinco siglos, circulan vehículos a motor de vieja data y cuando suenan las alarmas del estómago, un hilo y un anzuelo son suficientes para lanzarse a la pesca en la periferia de la ciudad con el propósito de saciar el hambre.
Panorama.
La Cuba de hoy sigue siendo variopinta. Se trata de un asunto que tiene que ver con su naturaleza, su geografía, su historia, su Gobierno, sus virtudes y sus defectos, y aunque sus gobernantes aseguran que en la isla no pasa nada, es evidente que en muchos aspectos Cuba se quedó congelada en el tiempo. Al menos esa es la impresión que deja en muchos visitantes que recorren las principales avenidas de La Habana.
Edificios deteriorados, vehículos a motor que ya son cincuentones y caballos jalando carretas por las principales calles de la capital caracterizan a La Habana hoy, al igual que hace más de 50 años, cuando la Revolución no había llegado.
Si este es el paisaje que predomina en la capital, en las zonas alejadas del orbe citadino la situación es peor, relatan los propios cubanos.
Subsistencia.
El cubano vive su vida y sale adelante pese a las adversidades producidas por situaciones políticas que muchas veces ellos no comprenden. Cuatro, después de una visita anterior, se observa un panorama favorable hacia el sector turístico, pero lúgubre para el cubano promedio.
En la expedición anterior observamos, entre otras situaciones, a personas pescando en El Malecón; sin embargo, cuatro años después nos percatarmos de que la cantidad de pescadores se incrementó: eran aproximadamente 200, un domingo en la noche, los cuales copaban los cinco kilómetros de longitud del histórico El Malecón.
"Siempre se consigue algo para la comida", narró Esteban, con el modo particular de hablar del cubano. "Se pesca mucho pargo rojo en este sitio, lo que ayuda para completar la mesa", describe.
Para conseguir un bocado hay que ingeniársela. El trueque, al igual que se practicaba en tiempos coloniales, sigue siendo un mecanismo de comercio en la isla de Martí, cuando de complementar la dieta se trata, explicó Esteban.
Es común ver a una familia cambiar una pequeña botella de aceite por unos granos de arroz. Así se vive.
La vida del cubano se ha vuelto más difícil. Antes el Gobierno otorgaba una mesada mensual por familia de 25 dólares, pero esto cambió. Ahora solo reciben 15 dólares para el mismo periodo. La excusa del Gobierno es la difícil situación económica mundial.
El año pasado, Cuba recibió cerca de 2,2 millones de turistas, cifra que esperan disminuya este año 2009, debido a que los principales visitantes provienen de Europa y Canadá, países donde ya se siente el impacto de la crisis.
Para los que trabajan, la situación es igual de precaria, un "bartender" en un hotel cinco estrellas recibe un salario de 300 pesos cubanos viejos por mes, lo que equivale a cerca de 20 dólares.
Transporte.
Lo que para el cubano es una necesidad, para otros es una atracción. Los viejos vehículos que circulan en Cuba llaman la atención de extraños, y la principal pregunta es: ¿cómo hacen para mantener funcionando estos autos con más de 50 y 60 años de uso?
La respuesta de Antonio, dueño de un Oldsmobile blanco modelo 1957 fue simple: "Normal". - ¿Cómo normal si no hay piezas para estos vehículos?, se le preguntó. "Normal... igual que como tú arreglas tu carro", reiteró. Pero no se trata sólo de un auto viejo funcionando, sino que además no hace ruido, ni emana humo.
También se observan carros marca Lada, Audi, Mercedes Benz, y uno que otro Nissan, estos tres últimos son utilizados para los turistas.
Ausencia de tecnología.
La tecnología prácticamente no existe, los recuerdos que el turista quiere llevarse de la isla se limitan a manualidades, artesanías, suéteres, gorras, etc.
El cubano más "fashion" tiene teléfono celular, son aparatos que estuvieron de moda en Panamá hace más de siete años, pero para ellos es una tecnología nueva. Quien posee uno es visto con algo de asombro por el resto; es un símbolo de superioridad.
Curiosamente, en Cuba casi no existen personas obesas y el uso de las prendas de valor como el oro y la plata tampoco se ve.
Lo nuevo en la isla. Entre los cambios observados en la isla con respecto al viaje del 2005, está la desaparición los denominados camellos (buses). El camello era el sistema de transporte público compuesto de un viejo camión que tiraba un vagón para trasladar a la gente.
Ahora existen los buses articulados. Sí, los mismos que se pretendían establecer en Panamá. Allá se llama metrobús, todos estos vehículos son de fabricación china.
También se ha invertido en los buses de turismo, que son vehículos grandes, espaciosos, climatizados, similares a los que se observan en Panamá.
Algunos nuevos edificios fueron construidos con apoyo del Gobierno venezolano de Hugo Chávez, según se informó. Estos edificios tienen en la planta baja dibujada la bandera del país suramericano.
Pero a pesar de todas las vicisitudes, el cubano sonríe; si tiene alguna queja del Gobierno, procura no hablar de ello por temor a los "sapos" y sigue siendo amable con el visitante.