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La cuesta de enero


Iniciamos el año, el pasado domingo 3, hablando de “la cuesta de enero”, como se conocen estos días en varios países, época en la que es fácil caer en el pesimismo. Pero nosotros nos alejamos de esa posibilidad, y optamos por comentar nuestras lecturas recientes. Volvamos al sendero.

Si en uno de estos programas que dan dinero por saber, por ejemplo, cuántas naranjas hay en una docena de naranjas, le presentaran el siguiente fragmento de diálogo: “—Pues me ha encantado tu tierra, chico. No pensé que Panamá fuera tan populosa. —Ha sido cuestión de año y medio este engrandecimiento de la ciudad. —Sí, ya se advierte por el corte moderno de la edificación.” Y luego le pidieran precisar, por una bolsa de monedas, en qué año fue escrito: a) 1990, b) 1913, c) 2006. ¿Qué contestaría?

A continuación, si la siguiente pregunta fuese “¿Qué entidad o persona publicó el libro del que se tomó la cita: a) El INAC, b) El propio autor, c) La Asamblea Nacional”? ¿Qué diría usted?

 

Martín Jamieson (Panamá, 1952), desde Buenos Aires, donde reside, hace frecuentes aportes a la compresión de nuestro contexto cultural. En su libro “Juguemos: entretenimientos de la literatura panameña” (INAC, 2000) literalmente juega, en el mejor sentido de la palabra, con temas literarios locales. Convenientemente aplicado (es decir, conociendo primero los textos) el libro de Jamieson es un apoyo para el docente de literatura y, por qué no, para el panameño en general (¿quiénes somos, si no sabemos lo que somos?)

A propósito del fragmento anterior, Panamá ha sido motivo literario durante muchos años entre nuestros autores. Los lectores, me consta, a veces exigen ese tema para sentirse que están leyendo literatura panameña, y eso no necesariamente es una condición. Cada día son más los títulos nuestros que buscan otras temáticas y le dan fuerza a la certeza de que el planeta es nuestra casa.

Durante el año que acaba de finalizar, encontramos nuevos autores como Juan Delgado, con su novela “Bajo tierra”, que explora la ficción científica como vía para explicar una de las amenazas que enfrenta el planeta por la sobreexplotación de sus recursos naturales. En cada página vemos alta tecnología y escenarios que van desde México hasta Medio Oriente. Algo similar, en cuanto a técnica, habíamos visto ya en “Primum” (Premio Rogelio Sinán 2003), novela basada en conceptos biocibernéticos con la que Ramón Varela Morales inauguró una trilogía de obras con similar enfoque (las otras son Cunctus, 2005, y Praeter Oriens” (2006). Por el mismo camino nos ofreció sus obras Javier Riba Peñalba, con “Las vertientes del cielo” (1997) y “La segunda ley” (2007), ambas orientadas hacia la comprensión y aplicación del autoconocimiento y la ciencia en la vida de todos.

 

La chiricana Mónica Miralles nos asombró con “Bajo este signo vencerás: la imperatoria del sol invictus”, novela bien escrita, ambientada en la Roma del Siglo IV, alejada también de los temas comunes de nuestras letras.

Rodrigo Esquivel, novel escritor, nos trajo un cuentario netamente urbano, filón cada vez más explotado entre nuestros escritores: “Desde el parking de la disco”, en el que se vislumbran las dudas existencialistas y los problemas que trae aparejado el imprevisto crecimiento de la ciudad.

El domingo 17 seguiremos remontando la cuesta de enero, hablando sobre libros concebidos en la red de palabras. Pero antes de irnos, las respuestas correctas eran b y c. ¿No me cree? Léase “Las noches de Babel”, de Ricardo Miró, en el epílogo está ese diálogo. Y sí, la Asamblea publicó la novela en homenaje al Centenario (2003).

 

Que la palabra te acompañe.


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512178
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América