Como decíamos ayer, “la cuesta de enero” es el nombre que en otros países se da a días como estos, en los que la principal preocupación es resarcir todos los agujeros que, cual capa de ozono, sufrió nuestra economía en diciembre. Para capear el temporal, escogí hablar de los temas y los libros nacionales que nos trajo el año viejo (o que leímos en el 2009).
Me llamó la atención el texto “Hasta la última gota”, biografía de Gabriel Lewis Galindo escrita por María Mercedes de Corró, dueña de una pluma privilegiada que pone a favor de un excelente trabajo de recopilación que se vuelve narración atractiva y atrayente. En un taller que me tocó dictar tuve el privilegio de tenerla como alumna, y me consta que en sus escritos prevalece un sentido artístico encomiable que, de seguro, nos dará relevantes obras de ficción.
Y hablando de damas escritoras, qué bueno es recordar a Lupita Quirós Athanasiadis, con la edición en inglés de “La Viuda de la Casa Grande”; a Gloria Melania Rodríguez, con un exquisito y sustancioso libro dirigido a niños y jóvenes, que mereció el Premio Changmarín de Literatura Infantil (“El jardín de Mamá Charo”); igual que el esperado poemario de Lucy Chau con el que ganó el Miró 2008 (“La casa rota”), el libro de Silvia Fernández, pleno de color y que apela a todos los sentidos (“Volar y otros cuentos”) y el de Marisín Villalaz de Arias, “El mar en el infinito”, novela que se presentará en la Biblioteca Nacional el próximo 27.
Noticias buenas nos dieron otras damas: Melanie Taylor, quien con su libro de cuentos “Camino a Mariato” se alzó con el Premio Centroamericano Rafaela Contreras, radicado en Managua y que por primera vez sale de esas fronteras; Lili Mendoza ganó el Concurso Centroamericano de Cuento Yolanda Oreamuno y, como si fuera poco, una queridísima ex alumna, Annabel Miguelena, se llevó el premio Microcuento Fantástico Minatura, otorgado por un jurado internacional que escogió su minitexto “John Seal” entre 517 cuentos de 368 participantes de distintos países.
Así mismo, vale destacar el tesón de Rose Marie Tapia, la escritora con más libros vendidos en el Panamá de hoy, quien nos entregó “Agenda para el desastre”, continuación de una historia de políticos y pillos (ella cambiaría la conjunción por un guion, estoy seguro). A propósito de Rose Marie, deseo destacar el hecho de que no se trata de una escritora simplemente, ella es la versión femenina del entrañable Ricardo Ríos, motor que mueve proyectos en ciernes, que lleva lecturas a los planteles, que se codea con sus lectores y que abre caminos a nuevos escritores. En un mundo que piensa que el escribir no solo es oficio solitario, sino de solitarios para ñapa, ella y un grupo reducido de literatos del patio lo desmiente, mediante una acción constante e incisiva a favor de la cultura literaria (aclaro que esta labor no se limita a promover los libros propios, porque cada lector que sumen será un lector de todos).
Cada uno de estos logros fue una brisa fresca en nuestro ambiente cultural, de los que pudimos disfrutar en alguno de los tantos eventos que se produjeron a lo largo del año (y no solo en la Feria del Libro); muchos de estos fueron reseñados en su momento por la siempre fiel Rosalina Orocú Mojica, admirable periodista de El Panamá América, asidua asistente a tertulias, presentaciones y eventos artísticos.
Hay más menciones que nos ayudan a remontar la cuesta de enero y justifican nuestro optimismo en el año que ya avanza. Volveremos sobre el tema el próximo domingo.
Que la palabra te acompañe.