« Miren, allá va Justino, el marido de mi tía, con una mujer… ¡alapeste qué fea es!»
Victoria lo supo cuando apenas había pasado media hora del suceso. Ah, el formidable poder del celular. Le dijeron que Basilio, el hijo mayor de su hermana, la divorciada, había lanzado la expresión cuando paseaba con su padre y su nueva madrastra por los turbulentos predios del Albrook Mall (¿Cuándo demonios van a cambiar esos nombres gringos que están por toda la antigua Zona del Canal? "Albrook", por ejemplo, no quiere decir nada, ni siquiera en inglés tiene un significado. Para nosotros menos, y ahí está, firme como una estaca del antiguo coloniaje). Retomo mi cuento y dejo para después el tema de los nombres gringos que se niegan a desaparecer de nuestro territorio.
Cuando le dijeron a Victoria cómo se había expresado el muchacho, en vez de una erupción de ira, y de rascarse la verruguita en el codo izquierdo, como hace cuando está brava, lo único que comentó fue: «Más vale que se calle. Si es la que yo sé, te diré que es mucho mejor que su nueva madrastra.». No vayan a creer que Victoria es indiferente a los devaneos de su esposo (con el que no convive, pero del que todavía no se ha divorciado), sencillamente él no tiene espina con qué puyarla. Es más, todavía hay sutiles lazos que los mantienen unidos de forma que no mucha gente entendería. Por eso la molestó que su sobrino se expresara así de su rival. Lejos de sentir celos, la inundó cierto esprit de corps, esa intangible capacidad de tener fe en los tuyos, sobre todo en malos tiempos. Además ??"y lo digo sin tomar partido??", la nueva madrastra de Basilio tiene gran parecido con "Pambelé", un temible boxeador retirado.
Cuando María Concepción, la hija de Victoria, llegó a la casa, ésta le contó lo dicho por Basilio. En la familia es conocida la andanza de Justino y su vilipendiado amor. Chita (nombre cariñoso de María Concepción), también demostró su esprit de corps cerrando filas con su madre (y con su padre) al exclamar airada: «Qué habla él, ¿acaso no ve el esperpento de su papá. ¿Verdad, mamá, que la de nosotros es mejor?»