Deportes

La educación como política de Estado

Definir qué tipo de sociedad queremos es vital. Abogamos por una educación humanística con sustento científico y tecnológico. Los valores democráticos son esenciales para una convivencia social justa, digna y solidaria.


El proceso de enseñanza-aprendizaje para ser efectivo y eficiente debe ser dinámico y siempre actualizado. En consecuencia la crisis educativa es un proceso permanente, dialéctico y necesario pues así surgen las innovaciones que favorecen tanto los cambios de principios como estructurales para renovar las políticas de Estado.

La democracia es uno de los sustentos básicos de un sistema educativo funcional. La democracia favorece la participación social a través de una ciudadanía militante que ejerce un escrutinio cotidiano del quehacer educativo, tal como lo expresó el jurista y maestro de la juventud panameña José Dolores Moscote.

 

La educación para ser democrática debe ofrecer igualdad de oportunidades a toda la población, de manera que el acceso y salida del sistema garantice una oferta educativa de calidad. La deserción escolar es alarmante, ante esa situación urge desarrollar programas paralelos de educación informal para asegurar los mínimos de lectura y escritura que nos permitan una participación ciudadana responsable. En el caso de Panamá tenemos áreas marginadas como las indígenas y algunos sectores campesinos que no reciben la mínima atención educativa. En mayo de 1958, la Federación de Estudiantes de Panamá realizó manifestaciones en todo el país para reclamar la democratización de la enseñanza situación que provocó la represión violenta de las protestas estudiantiles, así lo manifiesta Ricardo A. Ríos Torres, dirigente de la Generación del 58 en su ensayo La patria estudiantil panameña.

Definir qué tipo de sociedad queremos es vital para el país. Abogamos por una educación humanística con sustento científico y tecnológico. Los valores democráticos son esenciales para una convivencia social justa, digna y solidaria. Toda la sociedad educa, por tanto es responsabilidad del conjunto social fortalecer el núcleo familiar. Sin hogares, debidamente establecidos, carecemos del ente primario para orientar los valores éticos y morales de un conglomerado humano interactivo. Sin ejemplos positivos los niños y jóvenes nutren la delincuencia que nos agobia.

 

Existen principios universales como ejes de los sistemas educativos, la UNESCO y otros organismos internacionales por consenso determinan metas y propósitos comunes en todas las latitudes. Pero también cada nación y estado son consecuentes con su devenir cultural, tienen soberanía o la potestad de definir las prioridades para su desarrollo.

La soberanía, según el constitucionalista César A. Quintero, es una cualidad que sólo el Estado posee y que no tienen las demás colectividades políticas, con la soberanía ellas son dueñas de su propio destino.

 

En Panamá la lucha por la soberanía caracterizó nuestro devenir republicano desde la imposición del Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903.

En el libro Memoria de mis memorias del profesor Ríos Torres se hace un recuento significativo de las luchas estudiantiles desde 1920, 1947, 1958, 1959 culminando con los sucesos de enero de 1964. La soberanía es para los panameños una épica de héroes y mártires, más que una teoría es una práctica de conciencia nacional. Y nuestra educación debe ser consciente de esa constante histórica.

La identidad nacional es otro eje del engranaje educativo. Para el ex presidente y líder nacionalista Jorge Illueca, la identidad nacional es la cantera que nos provee los materiales básicos para los grandes proyectos, para las grandes aspiraciones y las grandes realizaciones nacionales.

 

El sentido de pertenencia es un modo particular de pensar, hacer y sentir nuestras respuestas al desafío de la existencia. Jorge Amado, el gran novelista brasileño, lo expresa así, la patria es el lugar donde sudamos, reímos, lloramos y reímos.

En el caso de Panamá, por nuestro singular acontecer histórico, tenemos una identidad nacional múltiple, que se caracteriza por la integración de distintos núcleos étnicos y culturales, es lo diferente lo que nos distingue como nación.

La educación es un bien público en el cual toda la sociedad es garante de su implementación en aras del bienestar nacional.

El proceso de enseñanza-aprendizaje para asegurar rendimientos de alta calificación debe ser consecuente con una evaluación permanente de sus niveles de competencia en todo el sistema. Los cambios para ser efectivos requieren de una planificación mínima de 15 a 20 años, por tanto el personal debe profesionalizarse de manera que posea la capacidad y experiencias para hacer los ajustes necesarios. Por tanto urge despolitizar el conjunto educativo.

El personal docente debe seleccionarse en concursos de méritos con calificaciones claramente definidas. Los mejores educadores deben ubicarse en la educación preescolar, primaria y media. Deben ser educadores creativos, con iniciativas y voluntad de cambio.

Leer y escribir, con un pensamiento lógico, es uno de los fundamentos de un sistema educativo realmente operativo. Los educadores necesitan de una retroalimentación permanente, con talleres, seminarios y módulos con acciones específicas, consecuentes con las deficiencias comprobadas. Menos teoría y más propuestas de cómo mejorar la metodología para una enseñanza dinámica es lo que solicitan los educadores.

Los directores de las escuelas requieren de competencias administrativas, financieras y docentes. Los mejores directores deben ser el ejemplo de cómo resuelven sus problemas. Capacitar permanentemente a los directores nos garantiza un mejor desempeño.

El principio de la comunidad educativa es otro recurso a considerar. Hay que establecer mecanismos prácticos de participación de los padres de familia, docentes, estudiantes y ciudadanía en el hacer educativo. Todos son protagonistas principales. La escuela es un laboratorio de participación social responsable.

Otro aspecto relevante es la formación de los docentes tanto en la Normal como en los centros universitarios. Es público y notorio que las deficiencias son alarmantes. Los que capacitan y orientan están desfasados, son rutinarios y carecen de la mística para guiar. Vivimos en una mediocridad institucionalizada, somos el producto de una titulocracia sin calidad, títulos a tutiplén sin el correspondiente pensum académico. El producto es malo y los resultados los palpamos día a día. La Universidad de Panamá también debe actualizarse así como la Normal Juan Demóstenes Arosemena.

La educación nos compete a todos, no es responsabilidad exclusiva del Ministerio correspondiente, es un bien público en el cual todos somos protagonistas.


fecha edicion
old id
509597
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América