Briseida Bloise expone sus mejores bríos, lanza palabras halagüeñas y se expresa con positivismo. Todo esto lo produce la cercanía de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Panamá, cuyas puertas abrirán el miércoles en ATLAPA con República Dominicana como país invitado.
La presidenta de la Cámara Panameña del Libro y del comité organizador de la FIL aprovecha la temperatura del momento para resaltar las bondades del evento ferial y de la industria editorial, a la vez que reclama que nuestro país se ponga a tono con tu entorno.

La FIL es una actividad en la que ella cree cada más vez, pero asuntos personales la obligan a tomar la decisión de no seguir siendo el rostro visible de la Cámara ni de la FIL.
Pero antes de dar un paso hacia lado, -como lo hizo en el pasado- promete un feria exitosa y habla, entre otros asuntos, sobre la realidad de la lectoría en Panamá y las necesidades de la FIL, que al parecer le está quedando muy grande al Centro de Convenciones ATLAPA, que la ha acogido desde siempre.
¿Cómo está el ambiente para la VII versión de la feria?
Hay una enorme expectativa de encontrar un ambiente de fiesta. Estamos contentos de ver cómo cada año se incrementa el interés. La participación gubernamental, la participación del público que está interesado en ir y participar. Además de los autores panameños con la intención de presentar sus libros, grupos artísticos y culturales que quieren ser parte es esta gran fiesta, que ha crecido tanto que exige mayores espacios.
¿Siente que el apoyo se ha mantenido?
Bueno, ha mejorado el apoyo. Afortunadamente nosotros tenemos quienes nos apoyan habitualmente, gente que participa y se involucra, además de los medios de comunicación social que reconocen en la feria un actividad de interés noticioso, las universidades, la Academia Panameña de la Lengua y el INAC. Incluso hemos ido mejorando la parte científica con la participación de entidades como Senacyt, el Biomuseo del Smithsonian, que este año participarán nuevamente.
¿La feria mantiene su perfil cultural o se ha inclinado más a comercializar libros?
La feria es un proyecto cultural. Lo digo desde mi punto de vista como distribuidora y librera, por los grandes esfuerzos que uno hace para participar en la feria, porque la feria es costosa. De por sí lo más costoso de la feria es el recinto ferial, el alquiler de ATLAPA y después montarla. También hay que tener fondos para atender a todas las delegaciones de los países invitados. Porque, si bien es cierto, vienen auspiciados por sus embajadas o sus gobiernos en gran medida hay que incurrir en gastos de atención por todo lo que ellos traen.
Hay países como México, España, Francia, que han estado representados en las distintas ferias y que este año van a estar también con expositores y con artistas que es un gran esfuerzo mancomunado, pero sobre todo es un esfuerzo cultural.
En el tema del proyecto cultural versus el comercial, que además no tienen que ir separados, porque la cultura no tiene porque no ser redituable, lo que puede parecer muy costoso, es totalmente ganancia, porque el que va a la feria por tres dólares tiene tantos eventos que se convierte en una gran fiesta. Si bien es cierto que lo medular de la feria son los libros, habrá presentaciones de los libros con sus escritores y básicamente lo que tratamos de hacer, al tener un país invitado, es crear el intercambio cultural.
¿Cuántos países estarán representados este año?
Por la literatura y sus autores estarían todos, incluso habrá literatura en diferentes idiomas. Presencialmente habría entre siete y nueve países. Por ejemplo, Cecilia Domeyko que es chilena pero viene de Estados Unidos es ganadora del premio UNESCO con el documental “Nombre secreto: mariposas”.
¿Cómo está el mercado editorial en nuestro país?
El proyecto cultural, aparte de involucrar la expoventa de libros, es oportuna porque se da el intercambio entre nosotros. ¿En qué otro momento estamos juntos para compartir con la competencia o asociados del negocio?, porque podemos ser competencia, pero también nos tenemos que ayudar forzosamente porque es lo que el proceso editorial exige y en Panamá el tema editorial ha ido cobrando una gran importancia.
¿De qué manera la feria ha incidido en el nivel de lectoría de la población panameña?
Hay muchos eventos como el Plan Nacional de Lectura, el Foro para el libro y la lectura que tienen toda la intención de fortalecer esos grupos y proyectos que se están tratando de hacer. Por otro lado, también están los círculos de lectura, el proyecto Siembra de Lectores que dirige Rosemary Tapia, Ricardo Arturo Ríos, Gustavo Salom y Nitzia Barrantes. El año pasado hubo un encuentro de círculos de lectura. En total se presentaron 94 en la feria y que vienen de todas las provincias trayendo décimas y poesías de todos los libros que han leído y para este año son más de 130 que van a acudir. Hay también empresas que nos han apoyado en estas iniciativas de la promoción de la lectura. Todos estos esfuerzos están ayudando a que haya más y mejores lectores y también mejores escritores.
¿Quiénes la están ayudando en esta gestión.
A simple vista pareciera que es un grupo muy reducido?
Nuestra junta directiva está integrada por personas muy valiosas, todo nuestra familia y los medios que son parte de este proyecto cultural tan abarcador. La parte administrativa también tiene un equipo, aunque no a todos les gusta hablar. Yo el año pasado tuve que ofrecer catorce entrevistas en un solo día, a veces me acompañaba Rogelio Terán a promover El símbolo de cristal y a Eduardo Verdurmen, que él representa y, claro, si cada uno de nosotros hiciéramos lo mismo por los que representamos sería factible, pero siempre me dicen que vaya yo. Tenemos a Plinio Delgado, que es un gran colaborador con la parte de placismo; Raúl Esquivel, de editorial Géminis; Nelson Acuña, representante de Océano; la UTP con su librería y su rectora que es una gran colaboradora. Lo que pasa es que es muy sacrificado. Todos nosotros tenemos una labor permanente en una empresa y lo que hacemos hacia la feria es un aporte adicional, el kilómetro extra que recorremos para fortalecer esto que, esencialmente, es bueno para todos, porque después que se entra a la Feria del Libro vas a tener ganancia por todos los contactos y conocimientos que se adquieren.
¿Y los colaboradores más cercanos?
Hay una junta directiva per se muy involucrada con el tema y muchos colaboradores. Te puedo mencionar a Ángela Gómez, como directora ejecutiva; Larissa Rodríguez, que está en el programa cultural; Dayana Bolívar, que es la secretaria; y Rosa María Britton, que es la directora del programa cultural, quien, de paso, ayuda a conseguir muchas cosas. Hay gente que nos llama solamente porque sabe que la doctora Britton está involucrada en esta feria.
¿Le parece buena la idea de haber comenzado a realizar la feria anualmente?
El público nos ha obligado. Durante la presidencia de Reneé Ávila se aprobó y hemos seguido así. Con Priscilla Delgado, nuestra primera presidenta, comenzamos a hacerla cada dos años, con la ventaja de que había una gran presencia internacional y esos son avances que debemos resaltar y preservar. Este año, por falta de espacio, ni siquiera pudimos traer editoriales que estaban interesadas en venir. Tanto es así que cuando nosotros íbamos a buscarlos ya ellos nos estaban contactando, lo mismo que espacios que no tuvimos que vender porque la gente venía y los compraba.
¿Qué piden los lectores?
La gente cada vez está más consciente de que los libros son enriquecedores. Ya la gente te exige qué quiere leer. Ya no puedes salir con cualquier folletito o cualquier paquín, por hay una competencia de mejorar cada vez el libro como producto y como contenido. Con iniciativas como las de Carlos Wynter, Ileana Gólcher, Carlos Fong, Enrique Jaramillo Levi y otros, hay un gran fortalecimiento con todos los temas que tienen que ver con el libro, la lectura, la literatura y la edición. Lo que pasa es que son diferentes aristas, más que nada lo que hace falta es orientación en cuanto al tema de cómo publicar, cómo comercializar la obra y eso es editar para ganar, difundiendo la obra, promocionándola, buscando quien la comente, etcétera.
¿Qué hay de los autores y la presencia nacional este año?
Hay más de 20 autores que presentarán libros nuevos. Vienen teatristas, la Fundación Olga Sinclair, la Academia Panameña de la Lengua y el INAC que respalda a los autores nacionales. Es algo que no podemos negar, a nivel institucional hemos tenido avances, pero necesitamos que este sea un tema de interés nacional que se considere en la agenda de Gobierno.
¿Eso no está ocurriendo?
No realmente. Hay apoyo para el evento ferial, que es uno, pero no hay apoyo para hacerlo un tema cotidiano. Por ejemplo, somos uno de los pocos países que queda en América Latina sin una Ley del Libro. No hay leyes de incentivo para las librerías. ¿Quién quiere poner un negocio que tienes que mantener los dos primeros años? Los temas de incentivos fiscales, de aduanas, de seguros, eso encarece el libro casi al doble. Hay muchas deficiencias con el tema del derecho de autor.
¿Usted tiene intenciones de seguir al frente de la Feria y la Cámara del Libro?
No. Desde que se fundó la Cámara he estado de colaboradora y creo que voy a volver a ese rol. Ha sido un año muy difícil a nivel personal, me siento muy agotada, porque además de lidiar con la feria hay otros asuntos que hacen difícil seguir adelante.
¿Pero hay relevo para que no se pierda la iniciativa?
Claro. Hay mucha gente interesada y capaz. Durante mi gestión no hemos tenido problemas para realizar las reuniones de junta directiva porque siempre ha habido quórum. Aclaro que en el caso mío no es que me vaya a alejar, sencillamente seguiré apoyando como lo hacía antes de ser presidenta. Yo fui antes miembro del comité consultivo y allí quisiera estar luego de esta experiencia y, como siempre, me podrán llamar a la hora que quieran que allí voy a estar.