Todo pintaba para la fiesta y el jolgorio, pero terminó en bochorno, heridos y un desmadre impresionante que duró más que el propio partido.
¿Dónde quedó la seguridad? No existió. Apenas 125 policías contrató ANAPROF para controlar a una de las aficiones más difíciles del país.
Y como siempre, la fuerza pública en lugar de prevenir, lo que hizo fue reprimir con gas pimienta a la afición... después vino una serie de situaciones que convirtieron la final en una batalla campal.
¿Los culpables? Primero ANAPROF, entidad encargada de organizar el evento, que ni su propia ceremonia de clausura pudo cerrar de una forma decorosa. Segundo el público colonense que no se sabe compartir y por último, la policía, que reprimió en todo momento y no controló nada.