No era un colectivo político con los resortes como para llegar al poder y Moreno Jr. era conciente de ello, pero le ofrecía una tribuna de oposición al gobierno desde la cual expresar un discurso estructurado durante su larga e intensa vida diplomática.
Había ingresado al servicio exterior panameño desde los 22 años, servido en la embajada de Panamá en Washington y a finales de los años 30 e inicio de los 40, ya era secretario del Ministerio de Relaciones Exteriores, lo que hoy sería un viceministro.
Era una trayectoria que le había permitido conocer el país, su dinámica económica, política y social, pero sobre todo los esfuerzos realizados para consolidar su soberanía nacional, en medio de una posición inflexible por parte de Estados Unidos.
Así que coherente con su decisión, esa tarde del jueves nueve de enero de 1964 partió hacia Chorrera con su compañero de fórmula, el también hombre de leyes, Jorge Fábrega Ponce, su socio y amigo hasta hoy, para participar en un mitin de campaña.
La jornada fue buena, la gente, reunida en una especie de jorón, escuchó con atención los planteamientos de Moreno Jr.; otros expresaron sus coincidencias, y entre discursos y preguntas se fue consumiendo la jornada, así que cuando llegaron a Arraiján eran cerca de las seis de la tarde.
Él y Fábrega Ponce, que desde que salieron de Chorrera conversaban sobre el mitin y el futuro de la campaña, se acercaron entonces al mostrador de una tienda, con el propósito quizás de tomar un refresco, pero el flash de una emisora los obligó a dejar la conversación en el aire.
“Una manifestación de estudiantes panameños al colegio de Balboa había concluido violentamente, y había un muerto y varios heridos”, fueron las primeras noticias que escuché, ha recordado Miguel J. Moreno Jr, 40 años después, durante esta entrevista con Semblanzas. ¿Quién es Miguel J. Moreno Jr.?
Su extensa hoja de servicios dejaría pequeño el espacio de Semblanzas para contestar esa pregunta. Sobre todo si se considera que ayer sábado cumplió 90 años, y de manera impresionante aporta datos, recuerda acontecimientos, hace citas y da detalles de hechos que prácticamente cubren un siglo de historia. En algunos momentos su voz puede delatar los años, pero la mayor parte de su narrativa transcurre con una firmeza y una precisión capaz de corregir deslices mínimos.
Nació el tres de abril de 1914, realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio la Salle, en la comunidad de San Francisco, en el antiguo barrio de San Felipe y se recibió como Bachelor of Laws de la American University en Washington D.C.
Designado Canciller en mayo de 1958, durante el gobierno de Don Ernesto De La Guardia, Moreno Jr. encarna un giro cualitativo en la política exterior panameña, respecto a la lucha por la soberanía.
Hasta el gobierno de De La Guardia las gestiones de Panamá por alcanzar reformas en el tratado de 1903 habían transcurrido de manera bilateral. La solicitud panameña de negociar un nuevo tratado –indica Moreno Jr.- había chocado con una negativa inflexible de Estados Unidos que obligó a Panamá a desarrollar una política revisionista respecto a los tratados, indica nuestra entrevistado. Semblanzas: ¿Puede hablarnos de esa etapa revisionista?
MJM: La primera revisión se registró en 1926 (tratado Kellog-Alfaro), los negociadores fueron los distinguidos juristas Ricardo J. Alfaro y Eduardo Chiari. Sometido a la consideración de la Asamblea, esta rehusó aprobarlo. Dijo que era preferible negociar otro tratado. Esa primera revisión no tuvo efectos porque EEUU se proponía adquirír jurisdicción en nuevos territorios, en la llamada zona del canal, específicamente en Cristóbal que no estaba bajo jurisdicción norteamericana. Con ese tratado se ampliaba la presencia física con el colegio en el atlántico.
Otra razón para rechazarlo fue que en virtud de ese tratado Panamá se convertía en aliado militar automático de EEUU, en caso de cualquier guerra en la que participara EEUU.
Una segunda revisión vino con el tratado Arias-Rossevelt, negociado durante la administración del Dr. Harmodio Arias Madrid y Franklin D. Roossevelt y que si tuvo efecto. Firmado el dos de marzo de 1936, fue ratificado por la Asamblea Nacional de Panamá en diciembre de 1936, pero el senado de EEUU no lo ratificó sino hasta julio de 1939.
A partir de ese convenio se eliminó el derecho de EEUU a ocupar tierras adicionales a la zona del canal, que le otorgaba el Tratado de 1903: cuando en opinión del gobierno de Estados Unidos fueran necesarias tierras adicionales a la zona del canal, las podía ocupar. El presidente Harmodio Arias logró que EEUU aceptara que la construcción del canal había terminado y en consecuencia no existía más ese derecho. Se eliminó además el derecho que tenía EEUU según el tratado de 1903, a intervenir en los asuntos internos de Panamá. Hubo otros logros de orden económico.
En 1955 tuvo lugar la segunda revisión efectiva: la Remon-Eisenhower, un tratado que se concentró más en asuntos económicos y que estableció, entre otros puntos, que los panameños que trabajaban en la zona del canal debían pagarle impuestos a Panamá. La situación de los zoneitas en la zona del canal era la situación más privilegiada que existía en el mundo. Tenían una organización socialista. La zona del canal era un estado socialista. Ahí el gobierno proveía todo, y los empleados del canal eran funcionarios del gobierno que hacían exclusivamente lo que les decía el gobierno. Ese tratado también se ratificó, pero Panamá nunca se dio por satisfecha. Los negociadores, por ejemplo, Dr. Octavio Fábrega, Dr.Carlos Sucre y Roberto Heurtemate, cuando regresaron de EEUU, después de haber firmado los dos tratados (Un tratado y un memorando de entendimiento), publicaron en los periódicos panameños en dos páginas, una frente a otra las demandas que Panamá había planteado ante el Gobierno de Estados Unidos, cuando se iniciaron las negociaciones, y en la segunda página estaba lo que se había logrado: uno veía en la primera plana (me parece que fue un gesto muy franco de los negociadores) la primera demanda de Panamá era la eliminación de la perpetuidad. Esa la negó EEUU. Lo que Panamá pedía en ese punto era una duración del tratado de 99 años, contados a partir del 3 de noviembre de 1903, así que, de no haberla negado EEUU, hubiera terminado en el mismo periodo de los Tratados Torrijos Carter.
Pese a las diferencias, entre Panamá y Estados Unidos siempre se registró un intenso intercambio, que incluyó matrimonios entre sus nacionales, -explica nuestro nonagenario entrevistado y rememora cómo en medio de esa amistad muchos norteamericanos criticaron las exposiciones panameñas ante en los organismos internacionales, señalando que dañarían las relaciones entre las dos naciones. Los panameños respondían, entretanto, que el incumplimiento norteamericano con los tratados era lo que atentaba contra esas relaciones.
El comportamiento de Moreno Jr. expresaba los esfuerzos que por décadas había realizado Panamá frente a Estados Unidos, por alcanzar una nueva relación bilateral que respetara la soberanía panameña. Por eso cuando se registran los sucesos de enero de 1964, contaba con una trayectoria y con un conocimiento de ese histórico conflicto, que lo ponían en condiciones de enfrentar con argumentos sólidos la posición norteamericana. El Presidente Chiari también lo sabía.
Misión a Washington
Así que la mañana de ese jueves nueve de enero de 1964, cuando Moreno Jr. esperaba en Arraiján a que se abriera el Puente de las Américas para volver a la Capital, era conciente de que el país estaba ante un nuevo capítulo de esa batalla, pero ignoraba el papel que la historia le había reservado en este episodio.
En nuestra entrevista hace una pausa, nos invade con su mirada aguda y con una fluidez admirable cuenta que en ese lado de Arraiján se fue reuniendo la gente que venía del interior, atenta a lo que se escuchaba a través de los radios transistores, y una especie de rabia e impaciencia se fue apoderando de las personas, al término que en un momento dado, su amigo con compañero de formula, blanco como un anglosajón, fue tenido por “gringo” por los presentes que tuvieron a punto de lincharlo.
Era una situación incierta –subraya- pero que cambió radicalmente cuando, a través de las emisoras de radio, la población se enteró que el Gobierno de Chiari anunciaba la ruptura de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, y la denuncia de la agresión de un ejército contra un pueblo desarmado.
Fue como colocar al país en torno a un gobierno, en torno a un presidente, enfatiza.
Lo que Moreno Jr. ignoraba era que en esa unidad nacional él, un reconocido opositor al gobierno, ocuparía un espacio, jugaría una papel, que él expone hoy con cierta modestia, pero que sin dudas posee un alcance estratégico en la historia del país.
Lo sabría el 16 de enero siguiente, cuando el propio presidente Chiari lo convocaría a Palacio para hablarle de lo grave de la situación y pedirle que olvidarán sus diferencias políticas.
“El Presidente Chiari me llamó al Palacio Presidencial . Me indicó que ante la grave situación que vivía el país, era de la opinión que debíamos olvidar nuestras diferencias políticas del momento y me propuso que aceptara una de dos posiciones: a) embajador “at large” (itinerante) para visitar personalmente a los gobernantes de varios países de la América Latina, con el fin de exponer la posición de la República de Panamá ante el conflicto surgido , con miras a lograr el apoyo diplomático a la causa panameña , o, b) Embajador, Representante de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, D.C., (...) para plantear nuestra denuncia...”, narra este “embajador de la dignidad” en su libro “Misión a Washington”, presentado en diciembre del año pasado en la Biblioteca Nacional.
Usted tiene razón Presidente, hay que superar las diferencias políticas y pensar en la Patria, le respondió Moreno Jr. a Mandatario.
Fue el inicio de una jornada que se extendería hasta finales de enero. Lo que había comenzado en la Avenida de Los Mártires (en ese entonces avenida cuatro de julio) se había convertido en un duro forcejeo en la Organización de Estados Americanos donde Moreno Jr. denunciaba la agresión contra Panamá como una dura advertencia para la propia OEA.
Pero más allá, los sucesos del nueve de enero habían provocado una transformación radical en lo que hasta ese momento habían sido los reclamos panameños.
La disputa se había situado en la OEA. En la noche del nueve de enero el Canciller Galileo Solís le manda una nota al secretario de Estados de EEUU, donde le dice que rompe relaciones con Estados Unidos y que denuncia a EEUU de Agresión, y le envía otro cable al Secretario General dela OEA, Juan Bautista Lavalle, que era el embajador del Perú, y le dice que invoca el Tratado de Asistencia Recíproca de Río (TIAR) y que convoqué una reunión del Consejo de la OEA para detener la agresión y exigir justicia. Semblanzas: Cómo evalúa Usted la convocatoria que le hace el Presidente Chiari?
Miguel Moreno Jr. partió hacia Washington después de sostener reuniones con el Presidente Chiari, con el Canciller Solís y con el Consejo Nacional de Relaciones Exteriores, organismo que le prestó gran ayuda a la Cancillería, que fue creado por el presidente Ricardo Manuel Arias Espinosa, y que integraban expresidentes y excancilleres.
Las instrucciones oficiales le indicaban que debía continuar las labores ante la Comisión Interamericana de Paz, exigiéndole a Estados Unidos que se comprometiera de manera formal a negociar un nuevo tratado, una situación que era aceptada por Estados Unidos.
Lograr que EEUU se comprometiera con esa posición era precisamente la misión de Miguel J. Moreno Jr. , y fue la que se consignó luego en la Declaración Moreno-Bunker, del tres de abril de 1964.
Curiosamente se firmó el mismo día en que el diplomático panameño cumplía cincuenta años. Recuerda que para esa ocasión Ellsworth Bunker, su homologo norteamericano, dijo al finalizarla sesión tres cosas: la primera que se había acordado no ofrecer discursos, la segunda, felicitar a Moreno Jr por su cumpleaños, y la tercera visitar al mandatario estadounidense.
De acuerdo con la declaración Moreno Bunker las negociaciones se iniciaron en el mismo mes de abril de 1964 en el gobierno del presidente Chiari, continuaron en el gobierno del presidente Robles con los proyectos de tratado denominados “los tres en uno” y culminaron con los tratados Torrijos Carter que se firmaron el siete de septiembre de 1977.
En virtud de estos convenios revirtieron a Panama todas las tierras que comprendían la zona del canal y Panamá asumió la plena administración del Canal de Panamá.
En el preámbulo de los tratados Torrijos- Carter se cita, como fuente de autoridad, la declaración firmada por Moreno y Bunker, y da cumplimiento al hilo conductor de una batalla que comprometió los esfuerzos de generaciones de panameños durante todo el siglo XX.
A sus 90 años Miguel J. Moreno Jr. proyecta una imagen serena, que expone y analiza esta batalla con rigurosidad académica, detallada, precisa, como si en los tomos de historia que acumula en su conocimiento, se resumieran el cariño y la satisfacción con que cumplió una misión que marcó el principio del fin de la colonia. Pritsiolas : Las leyes mordazas siempre serán una espada de Damocles sobre el periodismo. Se han derogado algunas, pero quedan otras, que aunque no se utilizan frecuentemente siempre existe la tentación de que algún funcionarios las aplique.
La penalización de la calumnia e injuria si obstaculiza la labor del periodista. En lo personal no creo que ningún periodista profesional pretenda deliberadamente calumniar a una persona. Se cometen errores como en todas las profesiones, pero hay la oportunidad de enmendarlo. Lo conveniente sería despenalizarla. Semblanzas: ¿Ha ayudado la ley de transparencia y el acceso de información en las instituciones de gobierno a la labor del periodista?