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La graciosa flor del verdugo

…me dormí en la página cincuenta y desperté en la página ochocientos”  Jung (comentando el Ulyses)


Algunos acusan a Joyce de estar divorciado de la lucha irlandesa por su independencia. Quienes esto afirman, no han leído en Ulises el capítulo de Cissy y Gertier (incomparables las lucubraciones de esta niña de 17 años que coquetea con un hombre que le dobla la edad), donde sin embozo desgarra la honra de la reina Victoria y vapulea al imperio británico con su ironía raspante. Igual tratamiento recibe la iglesia. Utiliza todo el jugo del lenguaje inglés para burlarse del Papa y sus "infantiles seguidores".

Joyce ondea como nadie la libertad del escritor.

Utilizando los personajes de Ulyses, el autor omnipresente dispara discursos religiosos, políticos, sociológicos, filosóficos y hasta turísticos. Nada escapa al gran ojo que acompaña al señor Bloom, a Esteban y al difunto Dignam por las calles de Dublín. No hay pensamiento, bochinche, o amenaza que escape a su pluma. Y yo, atento a todo. No quiero perder nada, aunque parezca pérdida de tiempo.

 

Tú, que empiezas a escribir. Si quieres ser original, o tal vez crear un nuevo estilo literario, lee el Ulyses. Métete en sus rechinantes páginas. Piensa en cómo lo habrías escrito tú. Descubre sus símbolos, recorre cada párrafo subrayando la ausencia de signos ortográficos, las frases inconclusas separadas por puntos, el salto caprichoso de eventos y personajes. Con Joyce aprenderás (y esto debes practicarlo) a deformar y estrujar tu propio idioma. Cuando hayas exprimido el Ulises (o él a ti), si todavía quieres ser un renovador, métete con Kafka.

No se puede leer el Ulyses en tirones de quince o treinta páginas. Parte de su encanto quedaría en las páginas anteriores o en las posteriores. Debes zamparte no menos de cincuenta páginas. Hasta quedar empapado. Anota en los márgenes lo que él ha considerado tan importante que no lo enreda. Léete bien las listas de nombres  y lugares que no deja de incluir con mucha frecuencia. Un extraño humor negro se destila por ahí. Es cuando mejor lo entiendo. Las tres páginas del ajusticiado, (pág. 339) con el verdugo Rumbold (que lleva en su vestido su flor favorita: Gladiolus Cruentus), son las páginas más sabrosas que he leído en mi vida.

Los panameños tenemos un link con los irlandeses. Seguramente los duendes. Lo sabré al terminar las 817 páginas del majestuoso, jodedor, crematístico, gruñidor, irrepetible, impuro, celestial y ensortijado bodrio que es el Ulyses.

 

fecha edicion
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424897
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América