Este editorial tiene aristas de frialdad. Tiene que serlo.
Hoy le ofrecemos una edición para archivar, para que no olvidemos, para que los errores no se vuelvan a repetir. Para que se guarde bajo la cama y cada vez que se vuelvan a sentir déja vu en este gran fracaso digamos: alto, ya esto nos pasó.
Hay que poner un alto, porque fácil sería voltear la página, decir que hay futuro y listo a dormir, pero no. Por favor, no. Hasta cuándo vamos a escoger técnicos de a dedo, sin ningún seguimiento.
Claro que hay dolor. Pero hoy el dolor no lo es todo, si no la reflexión, porque el fútbol no ha muerto, el deporte sigue con vida y será duro levantarse, claro que lo es, dolió como tenía que doler.
El camino tormentoso.
Hay tres tipos de tormentas en las que tienes que caminar sobre ellas, las que tienes que decir: alto, detente tormenta; y la que tienes que agarrar un árbol para que la tormenta no te lleve.
Hoy vivimos la primera, tenemos nuestra tormenta en el corazón y nos tocará dar la cara, estar allí, contra la corriente, crecer como país y asumir nuestra responsabilidad ante la historia.
Mañana de seguro algunos tomen maletas y se muden a una nueva "moda", eso no tiene nada de malo, otros esperarán un par de años y se volverán a ilusionar con la siguiente eliminatoria y estarán los que quieran ya iniciar un trabajo serio, que no duerma en la esperanza.
El futuro no se pinta fácil. Será altamente difícil asumir esta nueva etapa para el fútbol panameño, los cambios se necesitan, es parte de la vida, pero cambios serios, no sólo por poner un nuevo rostro. ¡NO!