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La impunidad provoca el deseo de venganza


El expresidente del Comité Panameño por los Derechos Humanos Roberto Troncoso aborrece que en nuestro país se esté hablando de la pena de muerte, cuando en la mayoría de las sociedades del mundo ese debate se está quedando en el olvido. A cambio, propone que se acabe con la impunidad y la falta de justicia que son dos males que propician el resentimiento de las víctimas.

Troncoso sostiene que la propuesta sobre la pena de muerte, generalmente toma calor cuando se producen crímenes que conmueven a la sociedad y nunca faltan políticos aprovechados que utilicen el tema para el clientelismo. Y, aunque ve remota la posibilidad de que esta propuesta alcance algún nivel de aceptación por las mayorías, se pregunta por qué los proponentes no incluyen dentro de ella como delitos susceptibles de este castigo, la corrupción, el transfuguismo y la deserción como existe en algunos de los pocos países en donde la pena de muerte todavía no ha recibido el tiro de gracia por parte de la civilización.

 

¿Qué le parece que se esté debatiendo sobre la pena de muerte en estos momentos?

Puede ser visto como un tema de reivindicación para las víctimas o los familiares. Sin embargo, yo creo que hablar se eso en un órgano tan importante como la Asamblea Nacional, que a todas luces conoce que en el artículo 30 de la Constitución se prevé que no habrá pena de muerte en Panamá es un retroceso. Adicional a esto, Panamá es signataria de los pactos y convenios internacionales que sobre los derechos civiles y políticos que existen, así como de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Americana y de una cantidad de documentos que han pasado a ser parte de nuestra normativa interna como leyes de la República, con las cuales hay un compromiso firme de abolir la pena de muerte o que no exista en nuestro país.

A sabiendas de eso, ¿por qué se ha tornado en una discusión tan recurrente?

 

Se trata de un tema pendular que se recicla cada vez que ocurren muertes abominables u homicidios espantosos como el de los cinco panameños de origen asiático en La Chorrera, que ha indignado a toda la comunidad panameña. Es una alarma porque hay un alto índice de la ciudadanía que mira con temor el que, para su percepción, la seguridad ciudadana a la cual tienen derecho y que establece nuestra Constitución, no está siendo resguardada de manera adecuada. Además, es una forma de decir que los órganos de protección del país no están cumpliendo con sus obligaciones, y para el Gobierno actual es una alerta en cuanto a que el ciudadano está diciendo que no solo rechaza este tipo de violencia, sean cometidas o no por un extranjero, sino que también teme por su seguridad personal.

¿Diría usted que esta propuesta tiene un sentido básicamente emotivo?

Sí. Cuando se dan los crímenes abominables o espantosos, siempre va a surgir el tema de la pena de muerte como una aspiración de reinvindicación por parte de los familiares de las víctimas de estos sucesos, quienes piden justicia. Pero yo creo que es allí donde entramos en un terreno más importante dentro de la organización de todo Estado y es que debe hacer que sus instituciones funcionen.

 

¿Qué dice de la sociedad panameña el que haya gente respaldando la pena de muerte?

Yo siento que hay una parte política que entiendo, aunque no acepto, porque el órgano Legislativo lo que trata es de congraciarse con esa expectativa y ese derecho que tienen las víctimas de ser reivindicadas. Sin embargo, entre eso y traducirlo a lo que pudiera ser una venganza, hay que actuar cuidadosamente, porque la historia demuestra que desde la época tribal, de las pequeñas organizaciones sociales, había este tipo de retorno hacia los hechos cometidos en otras tribus, que era la venganza y nunca sirvieron para solucionar nada.

Los deudos no lo entienden así

 

Claro, hay que entenderlo desde el punto de vista del familiar y es comprensible en este momento, en el sentido de querer reivindicar al muerto. Sin embargo, cuando hay una reflexión sobre lo que se está pidiendo, nos damos cuenta de que en esencia lo que se quiere es que la justicia dé una respuesta cónsona con los hechos que se cometieron y ese es el verdadero derecho humano de la persona. No es tomar venganza, sino que la justicia dentro de un sistema democrático reivindique a la víctima a través de un proceso justo y le dé la sanción que corresponde al victimario. En este caso, aislarlo de la sociedad a través del sistema establecido para ello.

Pero todo el mundo parece coincidir en que las cárceles son academias del crimen.

Las cárceles son un fracaso del sistema carcelario, al igual que los hospitales son un fracaso del sistema de salud. Se está fracasando porque la prevención no está funcionando. El sistema preventivo, que es uno de los pilares de todo, no está dando resultado. Además, el tema de la educación que es parte esencial de todo.

¿Cómo hacer para que los sobrevivientes de las víctimas comprendan todo lo que usted argumenta?

Es bien difícil. Porque cuando tú sientes en carne propia que alguien ha matado a un hijo tuyo, ya sea por pandillerismo o por un accidente, es bien difícil, por lo menos al inicio. Ya después cuando reflexionan y se les atiende en su solicitud y se logra capturar a los que cometieron el delito, entonces entienden que tiene que haber una justicia que se haga cargo. Esa es la frase clave: que se haga justicia.

Desde la óptica legal, ¿qué propondría para sustituir la opción de la pena de muerte?

Yo siento que nuestra legislación va cónsona con los tiempos. Aquí no se trata de insertar nuevamente la pena de muerte en la Constitución ni en el Código Penal aprovechando las reformas a la Constitución porque, obviamente, por ley no podría surtir su efecto. La solución está en la prevención, está en que el país le asegure a los ciudadanos su seguridad. Tiene que darle la confianza de que el país y sus organismos como la Policía y el Órgano Judicial están en buenas manos y se cuida a los ciudadanos. Además, hay que hacer que la gente comprenda que volver a tratar el tema de la pena de muerte como una fórmula de persuasión no es inteligente.

¿Tiene usted alguna referencia de otros países sobre el tema?

Hay que ver las estadísticas en otros países que dicen que los homicidios no se han disminuido con la pena de muerte. Más bien se han incrementado por factores sociales, económicos y de otra índole que nada tienen que ver con la existencia de la pena de muerte, como el tema de tráfico de drogas, por ejemplo. En la práctica, la pena de muerte la están aplicando los sicarios, los paramilitares que son utilizados para ir en contra de aquellos que violentan los sistemas, la paz interna, y entonces se crean estos organismos internos o se le paga a cierta gente para que haga este tipo de trabajo.

Un país que se aboque a la pena de muerte, ¿estaría sembrando de alguna manera un mal peor que el existente?

Por supuesto. Cualquiera que empieza a hacer organismos paralelos para reivindicar a los muertos o para reivindicar cualquier violencia o a grupos violentos estaría haciéndole el juego a estas personas.

¿Qué le parece que mucha gente, al verse en un estado de indefensión opte por armarse?

Creo que aquí entramos en un punto muy interesante que ha sido debatido de manera constante en el país, que es la impunidad. Cuando tu sistema de justicia no da respuestas y encuentra tecnicismos, fórmulas equivocadas o mecanismos para distorsionar la ley y está libre el que tú sabes que fue el causante de un delito, tú estás invitando a la sociedad a que, en vista de que la justicia ni siquiera pueda hacerse cargo de aquellos que han infringido la ley, que han hecho víctimas a otros, estás invitando a que ellos, por lo menos, piensen en tomar la justicia por sus manos y eso es un estado de alerta, de peligro en cualquier país. Colombia lo vivió, lo vivió Nicaragua y muchos países de nuestro continente que vieron frustradas sus aspiraciones cuando la justicia dejó en libertad a aquellos que se sabía habían cometido tal o cual delito. Creo que la impunidad juega un papel importante, y si no hubiera impunidad y la justicia jugara su papel, se estaría fortaleciendo uno de los pisos más importantes de nuestro país.

El diputado que promueve la pena de muerte dice que sería solo para delitos graves.

Hoy en día la pena de muerte solo perdura en 69 países del mundo. Sobre todo en Asia. Hay países que la aplican a los corruptos; hay países donde se aplica a los desertores y tránsfugas. La verdad es que me quedo perplejo cuando miro cómo estos países la utilizan como un ejemplo contra los corruptos y desertores. Entonces, desde ese punto de vista, creo que debe llamarles a reflexión a estos diputados, porque ellos también pudieran ser víctimas, pues en otras latitudes la pena de muerte no solo se enfoca hacia los homicidios graves y terribles, también se enfila hacia otras conductas, y la pregunta es, si la sociedad también solicita eso, ¿se atreverían a ponerlo en una ley en el caso remoto de que se apruebe?

Parece que los diputados no son tan tontos porque en la propuesta nunca se ha hablado de ese tipo de delitos.

Claro, los de ellos no. Eso me parece un relajo, creo que es para ganar clientelismo y si para eso se tiene que proponer castigar y matar, entonces lo hacen sin escrúpulos. Me imagino que la pena muerte, el espectáculo que ellos se plantean será con guillotina, ahorcamiento o dilapidando a las personas. Deben ser más serios, más reflexivos; no pueden seguir jugando con el pueblo, engañándolo con esto de la pena de muerte. Creo que nos merecemos más respeto.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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