“The world will always?welcome lovers” Herman Hupfeld
Ni sumergiéndolo en un baño de nitrógeno líquido (hablo de -200º Celsius) podrías congelar el instante, el ya. O sea, lo que llamamos el presente, casi no se puede explicar por su falta de cuerpo y estabilidad. Y sin embargo es la materia más importante de nuestras vidas. Toda esta lucubración me vino porque estaba escuchando As time goes by, la famosa canción de la película Casablanca. Es una de mis favoritas (y de millones de románticos más). Seguro meditaba musicalmente en algo realmente humano Herman Hupfeld cuando escribió en la canción: “When two lovers woo, they still say ‘I love you’, on that you can rely …” Y redondea el pensamiento con la contundente frase: “no importa lo que traiga el futuro”. El futuro es inexistente, pero está a un paso de distancia. Bueno, para no meterme con el futuro sigamos. ¿Qué pasa cuando dos amantes dicen que se quieren? Están viviendo un instante único, y es refiriéndose a ese momento cuando la canción dice que: “On that you can rely” (en eso puedes confiar). Es cierto, se quieren, tal vez no dure para siempre el amor, pero en ese instante –y el ahora es un edredón de instantes– sucedió, se escuchó, se sintió, existió el amor. Eso vale. Y sí que vale porque, años depués, aunque ya el sentimiento haya cambiado, aquel instante perdura y muchos de nosotros somos capaces de quitar la gutapercha de la memoria y sacar el recuerdo para volverlo a sentir.Los mayores (y posiblemente los menores también) sucumbimos de vez en cuando a ese acariciar recuerdos. Y hasta hacemos un débil gesto de reclamo: “¿Por qué no dije esto, por qué no la besé una vez más, por qué fue que terminamos?“ Son preguntas huérfanas de respuestas. Ya no vale. El ahora desapareció y ya nunca volverá. Si el tiempo no encementó el momento, tal vez se puedan recuperar algunas migajas, como le sucedió al buen Nacib (el personaje de Gabriela, clavo y canela) que repensó el engaño de la Gabriela, y no solo no la mató, sino que la volvió a llevar a su cama y al restaurante. Y todos felices.
Pero dejemos al árabe Nacib con su colección de cuernos, y terminemos con la canción de Hupfeld: “Un beso sigue siendo un beso”.