La escritura es un arte, la palabra escrita es un arte, pero se convierte en un producto con precio, con código de barras, inmediatamente pasa de la mano del escritor, ya sea a su agente literario (que cobra por este servicio) o vaya directo a una imprenta, y luego al consumidor.
Por lo que se debe partir con una premisa; el producto libro nunca debería ser regalado por parte del autor, en tanto que el mismo tiene un valor comercial, a menos que éste lo justifique y solo en varios sentidos: Que sea una edición particular confeccionada especialmente para obsequiar, que es observada mucho en los libros de gran formato que se editan en pequeñas cantidades; o ediciones de poesía que son bellamente adornadas para obsequiar, pero eso no quiere decir que los mismos no sean considerados para la venta.
Un editor serio debe darse cuenta cuando tiene que sacar de circulación un libro y hacerle una rebaja considerable. Esto es casi siempre a partir de los dos años de tenerlo en inventario sin que sea vendido. Es allí cuando tiene que reducirlo a la mitad de su precio original y convertirlo en saldo para que sea vendido a las librerías con un considerable descuento, aunque el precio jamás es un determinante de la compra, al contrario, ahora la modalidad es elaborar el mismo libro en distintos formatos a fin de que sea asequible para todos los públicos. Y ya por último nos estamos encontrando con el e-book y el audio libro, dos formas nuevas de elaborar un libro pero en distintos soportes. Quiere decir que el libro que no se vende no necesariamente tiene que ser malo. En la mayoría de los casos se debe a una mala promoción, tanto del autor como de la cadena que le sigue, distribuidor, librería, etc.
En mi concepto no hay libros ni buenos ni malos, simplemente hay diferentes clases de lectores que son los que deciden qué corriente escrita les interesa más.
En cuanto a la justificación de porqué un género se vende más que otro. Yo diría que esto tiene una definición clara, dependiendo del público. Y es evidente que las personas que viven en climas fríos no leen lo mismo que los que viven en la costa, y esto está demostrado en estudios realizados por el Centro de Fomento al Libro para América Latina y el Caribe, en donde se asegura que las poblaciones que leen más son las que están más cobijadas en sus hogares en un ambiente propicio para hacerlo y esto es lógico suponerlo.
Otra discusión constante es ¿por qué los editores editan ciertas obras y otras no? Esto también se debe al “ojo” del editor y lo que se llama editar por impulso o en cualquier caso, la selección de géneros que tenga como objetivo cada casa editorial; pero es claro que hay unas cuantas que no se equivocan como el editor de El Código Da Vinciy Ángeles y Demonios; Hombre Rico Hombre Pobre, Quién se comió mi queso?, y el último “El Secreto”, que rompió récord de ventas en el mundo entero. Este ilustre chileno, ya ahora ciudadano español, don Joaquín Sabaté, dueño de la editorial Urano, siendo una editorial relativamente pequeña, solo ha tenido aciertos en sus publicaciones, con un valor añadido, El propio Sabaté es quien recibe a sus clientes, sus autores; es la persona que se encarga de darle la primera ojeada al manuscrito para que luego pase a un comité editorial, que es el que decide darle la forma final a los contenidos antes de ser publicados.
Es obvio que en esta escala de productos siempre salen en desventaja una suerte de libros que casi siempre son los locales, que no han tenido una gran promoción y en donde el autor casi en solitario ha diseñado su portada, ha invertido en su obra y la ha colocado en el mercado local. No todo el tiempo con buena suerte, toda vez que tiene que competir con este resto de “best sellers” que ocupan la primera estantería en una librería, que por cierto cada vez se encarece más, por los costos en aumento del metro cuadrado en donde están ubicadas casi todas las librerías del mundo, casi siempre en el centro de las ciudades. Lo que lleva al dueño a colocar los libros que más se venden a la vista del público para obtener el mejor rendimiento del mismo.
El libro como negocio es un producto que tiene uno de los márgenes más pequeños de ganancia, de allí que se vuelva “costoso” por la poca circulación del inventario, producto del pequeño mercado en que estamos sumergidos. Y que no tiene que ver con la falta de lectura, porque este mismo fenómeno se da en otros rubros de la economía de consumo de bienes “suntuarios”, y que son susceptibles de ser pirateados, como lo son el libro y la música, que en este momento se encuentran en su peor situación histórica. Y se repite con vehemencia que el libro en formato papel está en decadencia, para darle paso a los productos en formato digital, y no dejan de tener razón si tomamos en cuenta que el libro solo tiene un margen del 25%, se confecciona de las hojas de árboles, lo que pone en serio aprieto al planeta.
Por otro lado, la tendencia es a reducir los tirajes por la gran cantidad de obras que se editan por minuto en el mundo en español, con números que complazcan el gusto de unos cuantos, lo cual eleva notablemente el costo final de un libro hecho a pedido.
Queda pues el libro a merced de varios factores, uno de ellos, la demanda, y otro, el consumo del papel que mueve a buscar otras alternativas que no serán tan atractivas para los lectores como lo es el e-book, pero que ya están en la puerta de entrada a nuestro mundo cambiante.