Sin el ánimo de ser irreverentes, cuando tratamos de encontrarle explicación a algunas situaciones que ocurren en nuestra hípica, no nos queda otra opción que se parece a la procesión de Portobelo: quienes cargan el santo, dan tres pasos hacia adelante un dos para tras.
Sí. Que lío es avanzar más de un paso y, en consecuencia, cuánta demora para llegar al destino.
Imagínense que después de más de 80 años de historia hace una semana hubo que emitir una comunicación pública para hacer la salvedad de que las carreras se dividen en tres tipos: clásicos, condicionales (especiales) y de reclamo.
A estas alturas todavía hay quienes, cuando les conviene, insisten en mezclar las peras con las manzanas dando lugar a un mar de confusiones, que nos ponen esa eterna procesión.
Ahora, que ya se dejó por escrito, esperamos que de una vez por todas comprendan es un derecho adquirido de cualquier dueño de caballo que no encuentre lote Condicional para que su caballo compita, puede entrar al Reclamo y viceversa.
No se trata de una “invasión”, como lo han querido interpretar, simplemente es un derecho y una forma de mantener la dinámica del espectáculo.
Para que les quede claro. La diferencia está en que para competir en los Clásicos se paga una cuota; para correr en las Condicionales se deben reunir las “condiciones” indicadas en el libro y en las carreras de la Reclamo los interesados le ponen precio a sus ejemplares. ¿Alguna duda?