Del 29 al 31 de octubre de 2007 se celebró el Foro Nacional de Lectura. Decenas de personas y organizaciones se reunieron en torno a una iniciativa que buscaba, busca entre otras cosas que la lectura, el acceso a los libros sea pan de cada día. Se han cumplido mil días en esta guerra que apuesta a la esperanza de que Panamá cuente con una “raza de lectores”.
A propósito de las iniciativas que ha emprendido el FORO, se le entregó a la Asamblea de Diputados, lo que gracias a la Comisión de educación cultura y deportes es el proyecto de ley n.° 202 que dicta normas sobre el fomento de la lectura, del libro y de las bibliotecas. (anteproyecto de ley n.º 39).
En su exposición de motivos, vienen subiendo las palabras desde el fondo de la hoja con el acento de un acta de independencia:
Los ciudadanos necesitan, hoy día, tener un nivel elevado de competencias lectoras y de lenguaje para poder leer y escribir con eficiencia y afrontar el volumen de información escrita proveniente del actual desarrollo científico y tecnológico.
Continúa el discurso con la virilidad de un maestro o la vocación de una maestra como las del tiempo de antes:
De allí que la lectura y la escritura son condiciones para asegurar la apropiación social del conocimiento y el desarrollo de herramientas intelectuales, indispensables para la formación de un ciudadano crítico y sensible a su realidad.
Porque se debe elevar la situación social, cultural, educativa, económica del país mediante el fortalecimiento del gusto y el hábito de la lectura, que debe conducir a una común elaboración del pensamiento panameño de la época, este proyecto es un imprescindible en esa Asamblea.
Para que tanta calle y edificio e inversiones tengan sentido y que la mano de obra no sea el producto del bajo rendimiento escolar que refleja las limitaciones cognitivas y lingüísticas de los estudiantes con deficiencias en la lectura, es justo y necesaria esta iniciativa.
Ha llegado el día de mirar a la lectura como un derecho humano inalienable; una herramienta de inclusión, pues sirve a todos; una respuesta a los problema de salud, por lo que ofrece en calidad de vida; y tan necesaria como los proyectos de vivienda, porque contribuye a construir ciudadanía. Más lectura para un mejor país. Entonces, señor Arcipreste: ¿Vamos bien?