La escritora salvadoreña, Jacinta Escudos, visitó Panamá por segunda vez. En esta oportunidad no promovió ninguna obra, como la primera vez que vino para la Feria del Libro, invitada por la transnacional Alfaguara. Ahora fue jurado de la categoría Novela del concurso Ricardo Miró 2008.
La carrera literaria de Escudos no está en el mejor momento. Esto no quiere decir que la calidad de la narrativa de esta salvadoreña venga en desmedro, sino que los vaivenes por sobrevivir le restan tiempo para la creación.
Desde hace casi cuatro años, vive en Costa Rica, donde trabaja de algo que no le place. Es correctora de estilo para una organización que edita varios productos. Allí está tratando de solventar su situación económica. "No me ha ido bien. El cambio no me ha ido bien".
La situación económica de El Salvador no es buena. La narradora, que fue "desempleada crónica", dice que no estudió ninguna carrera universitaria. Su primera novela la escribió a los 16 años, cuando no se escribe en serio ni pensando en publicar. Antes de este trabajo, desde los 12 años, ya escribía. "Creo que es complicado explicar desde cuándo uno es escritor, uno se considera escritor después de publicar el primer libro, aunque uno tenga un ejercicio constante de escritura, ver su nombre impreso lo hace sentir escritor".
"Soy narradora. Uno no se da cuenta cuándo se lo toma en serio. Un día te das cuenta de que a la gente le gusta cómo planchas una camisa y esa gente te lleva las camisas para que planches, entonces sigues planchando y pones tu negocio, casi sin darte cuenta".
El primer libro.
Escudos señala que ella no lo buscó. Fue conociendo gente, como la poetisa Claribel Alegría, quien nació en El Salvador, pero residía en Nicaragua, le ofreció un contacto con la Universidad Centroamericana de El Salvador, que tenía una editorial en esa época, mandó el libro y lo publicaron.
Publicó un segundo libro con ellos. "Ellos lo mercadearon. Estamos hablando de una primera novela en 1996. Estamos en medio del conflicto civil. Yo estaba exiliada en Nicaragua. Era una novela que tocaba el tema de la guerra. En esa época no se hacían presentaciones de libros. Ese libro se leyó y se agotó solo, de boca en boca. No se hizo nada como lo que se hace ahora por un libro".
¿No tuvo miedo? "Pues no". Agrega que en esa época los que escribían se atrevieron a publicar porque lo tomaban como una obligación, que es muy diferente de lo que están escribiendo ahora. "No había Internet, había censura, no había muchos medios de comunicación, era una época diferente, inimaginable ahora".
Escribir y hablar era romper el cerco. Los cuatro periódicos que existían no decían lo que pasaba. Los escritores que escribían no estaban organizados, es difícil verlo de forma cuantitativamente, hubo mucha gente que salió de El Salvador para países como Canadá, Australia, Suecia, entre otros, y que denunciaba en boletines, en revistas, porque los medios salvadoreños no decían lo que pasaba en ese país.
Cuando termina la guerra, su vida como escritora no cambia por cambiar. "Un poco la temática sí, pensaba que ya habiéndose superado el conflicto militar, era hora de que yo escribiera sobre lo que a mí me interesaba; me interesaba sobre historias privadas, violencia entre parejas, me dediqué a escribir sobre eso a partir de ese momento".
En busca del paraíso.
En Costa Rica, Jacinta lo que quería era subsistir económicamente. Pasó varios años desempleada, y en Costa Rica no encontró las condiciones por el flujo de emigrantes de Nicaragua, Colombia, República Dominicana, las condiciones migratorias son muy difíciles para las personas que quieren quedarse. "La residencia me la dieron con restricción de trabajo, no puedo trabajar a donde a mí me dé la gana".
"No me arrepiento de ser escritora. Es como si me dijera que si me arrepiento de respirar, de comer, porque eso es lo que hago siempre, por ejemplo, en Costa Rica, con toda esa presión con migración y eso de andar buscando trabajo, la subsistencia en el país más caro de Centroamérica".
-No leo desde que llegué a Costa Rica. Tampoco escribo. Lo que leo es por el trabajo, un trabajo que desafortunadamente no me gusta hacerlo: corrección.
Sobre la literatura salvadoreña, Escudos comparte que es muy difícil dar una apreciación de las letras. Se edita muy poco en El Salvador, no hay revistas literarias. En los periódicos es muy poco lo que se publica y poco es lo que uno puede apreciar. Lo que ha podido ver es que hay gente que está escribiendo muy bien, pero lo que falta es que ese trabajo se dé a conocer al lector salvadoreño y al resto de los lectores. Ese es otro problema, la no circulación de los libros en Centroamérica.
Mercado limitado. La escritora reconoce que los libros de México, España y Colombia llegan, pero solamente los de "escritores pesados". Los menos pesados no los vas a encontrar.
Jurado en Panamá. En los 29 trabajos participantes de la categoría Novela señala que había de todo. "Cosas infumables, horripilantes, y otras buenas. Había una novela que no menciono la temática, que empezaba muy bien, ambiente, personajes, pero que desafortunadamente, para la mitad había guiños que dejaban ver que hay alguien que narra la historia...y cuando revela quién narra la historia, la novela cae; esa nos gustaba a todos, nos hubiera encantando darle el premio a esa novela pero no había cómo justificar darle el premio...la novela cayó en un charco de lodo y no pudo salir".
Advierte que había obras que, mejor trabajadas, pueden ser excelentes novelas. "Me da la impresión que la gente, yo no lo haría jamás, tomó la novela a prisa y que la mandó al concurso sin dejar reposar la obra. La gente que aspira a escribir novelas tiene que entender que es un trabajo de años. No vas a escribir una novela en seis meses, hay que escribir un borrador, el trabajo más grande no es escribir el primer borrador, el trabajo más grande es pulir ese primer borrador. Eso fue lo que pasó, creo que si la gente dejara añejar ese texto en años, de ahí pueden salir buenas novelas".
Experiencia. "Yo mis novelas tardan más de dos años. Te puedo escribir un primer borrador en tres o cuatro meses, unas 400 páginas. Corregir, pulir, quitar incongruencias de la historia eso tarda tiempo, y mientras más tiempo pasas alejado del texto más saltan los errores. Mi novela A-B Sudario, que ganó el premio, tardé 10 años en escribirla. Esto no es un trabajo precipitado".
En cuanto al aprendizaje del escritor, Escudos dice que lo que a ella le impresiona y le ha servido quizás no le serviría al resto. Alguien que aspira a ser escritor tiene que ver como un libro con los ojos de alumno comprendiendo cómo se va armando la historia.
También se aprende de la música, del cine, en fin, el escritor se alimenta de diferentes fuentes artísticas.
Jacinta no ha tirado la toalla en cuanto a la escritura. "Siempre hay proyectos, lo que pasa es que necesito tiempo, porque hacer una novela no es soplar botella, es sentarse a trabajar y tener disciplina diaria.