Los escritores panameños lograron impresionar a los 15 jurados del Concurso Ricardo Miró. En algunas categorías, como el cuento, los trabajos fueron calificados con calidad de exportación, pero no lograron el laureado premio por fallas nimias, que pudieron haberse corregido. Otro detalle que marca este nuevo despertar de las letras es que los fallos, en su mayoría, se dieron por unanimidad.
Las cinco categorías del concurso Ricardo Miró tuvieron ganadores. En Poesía, lo mereció Lucy Cristina Chau; en Cuento Víctor Rodríguez; en Ensayo Javier Stanziola; en Ensayo Octavio Tapia y en Novela Justo Arroyo.
La decisión del jurado se dio a conocer la noche del martes 14 en el salón Alhambra del Hotel Granada, como en años anteriores, en una ceremonia abierta y donde el público esperó desde antes de las siete de la noche.
Dentro del público, este año a diferencia de los anteriores, ninguno de los ganadores estuvo presente, sin embargo, tras conocerse los nombres de los premiados, Lucy Cristina Chau llegó al lugar acompañada de familiares.
Los jurados, tres por cada categoría, que leyeron los trabajos sometidos al concurso fueron de Cuba, Venezuela, El Salvador, Chile, España, Honduras y Panamá.
Con este premio, Justo Arroyo, suma seis Miró a su haber en diferentes categorías. Lucy Chau lo obtiene por primera vez. Javier Stanziola tiene tres galardones en Teatro y Octavio Tapia también por primera vez.
Los trabajos ganadores
En Poesía fue "La casa rota"; en Teatro, "Hablemos de lo que no hemos vivido"; en Cuento "Un milagro bastante raro"; en Novela "Otra Luz" y en Ensayo, "Para entender al panameño, una aproximación de la identidad".
Catador de ensayos
Carlos Sandoval es uno de los jurados de Venezuela. Sobre la obra ganadora en Ensayo reconoce que fue interesante, muy bien llevada y planeada que, para su gusto, es un trabajo que tendrá cierta repercusión en Panamá porque lo que propone como idiosincrasia panameña es interesante.
"Para entender al panameño, una aproximación de la identidad", le pareció a Sandoval una técnica conocida por el uso de la metodología, del planteamiento, "es el tipo de trabajo que se suele encontrar de gente que se dedica a estudiar en la Universidad o en algún instituto de investigación. Se ve que estudia un tema en específico".
Le resulta familiar, precisamente, porque él viene de la universidad y es un trabajo que está escrito en un tono ensayístico, que tiene una estructura y análisis de investigación profundos.
Este jurado había leído obras de escritores panameños, pero no ensayos. "Leí una biografía sobre el general Omar Torrijos, de José de Jesús Martínez, y esta experiencia me ha parecido bastante grata".
En Venezuela hay una tradición de buenos ensayistas que viene del siglo XIX. Es una tradición "fortísima" que ha dado grandes nombres, conocidos dentro de la literatura extranjera como Guillermo Sucre y Gustavo Guerrero, quien ganó el premio Anagrama con una novela que se escribió por encargo. Tenemos además a Alejandro Olivero y muchos otros. Los que producen este género hoy también mantienen esa tradición.
"Nosotros diferenciamos claramente desde los 70 quiénes hacen ensayos y quiénes hacen críticas literarias. En estos momentos se hace mucha crítica literaria en Venezuela, pero el problema es que no tenemos muchos diarios para difundir ese trabajo. Lo que estamos haciendo últimamente los venezolanos es escribir en blogs, yo tengo uno de crítica literaria que es mi área de trabajo".
Sobre las diez obras
De este conjunto de obras a evaluar, a Sandoval le gustó un ensayo que presentaba al hombre como un ser meditabundo, "quisiera conocer al autor de ese libro porque me pareció de una madurez interesante y de una escritura muy densa, muy ensayística, empero, no cumplía con las normas del concurso, que exige que los textos sean articulados en torno a un tema. Es un buen libro".
Los autores panameños propusieron en estos ensayos problemas que tienen que ver con la salud, la identidad del panameño, los efectos de la globalización, los problemas de viajar en diablos rojos, historia panameña. Casi todos citaban la transitoriedad del panameño.
Idioma común
El profesor universitario señala que el español de América es comprensible en todos lados. No había en los trabajos modismos que frenaran la lectura. "En otros géneros se suele incluir panameñismos, pero aquí no, porque era un trabajo orientado a la reflexión. Me resultó un español estándar".
En cuanto a los problemas, Sandoval comparte que no era claro el uso del lenguaje ensayístico, algunos trabajos caían dentro del lenguaje común. Sobre este tema, hicieron recomendaciones a los organizadores del Premio, pero esto es normal en los concursos.
Experiencia
Carlos se hizo crítico literario estudiando la literatura venezolana. Inició con los textos del siglo XIX. "Descubrí muy joven que mi orientación era examinar la obra literaria dentro de un contexto más amplio, ser crítico, aunque también he escrito algunos cuentos".
La crítica en su país no está exenta de males. "Soy uno de los críticos que recibe amenazas vía Internet. Soy muy directo. No suelo escamotear las herramientas no me escondo detrás de eufemismos. Si el libro tiene fallas las digo, si tiene bondades también las digo. Esto te causa algunos problemas. Hay gente que te quita el habla, gente que te odia, pero esto es normal en la vida cotidiana no necesariamente en la vida literaria".
Proceso de evaluación
Las lecturas las realizó en el mes de agosto, dedicó las vacaciones para leer los diez trabajos y a cada texto le escribió un informe que presentó a la hora de deliberar. "Nosotros, Cira Romero y yo, creíamos que el texto que elegimos no escoraba totalmente al ensayo, pero el panameño -Miguel Montiel- traía también este mismo trabajo como ganador, así no tuvimos complicaciones. El voto fue unánime".
Para Sandoval, un ensayo literario debería tener vocación de estilo, lenguaje de ensayista -imaginativo que provoque una resonancia plástica en quien lea-, el tema no tiene que ser concluido en un ensayo. El ensayista puede decir un tema, pero sin demostrar. Tiene que tener dominio del lenguaje plástico y dominio del tema.
El cuento
Danilo Umaña es salvadoreño. Fue uno de los tres jurados de esta categoría que evaluaron los 36 trabajos presentados en esta categoría.
La experiencia de estos días le parece maravillosa, ser testigo de la vida cultural de Panamá.
Umaña comparte que hay como una norma, que en los certámenes siempre hay una mitad de trabajos buenos y la otra mitad no tan buena. "Aquí se dio ese fenómeno. Encontramos trabajos muy buenos, pero se da un fenómeno muy especial en estos trabajos: hubo obras que lamentablemente fueron descartadas porque carecían de las más elementales reglas de ortografía y de sintaxis y concordancia verbal, no sé que está pasando con los escritores panameños en este sentido".
Agrega que dentro de los 36 trabajos se encontró uno con calidad de exportación, tan fino que lo toma a usted de la mano y lo lleva al espacio, recorriendo las diferentes culturas del mundo, con un bagaje cultural muy fuerte, pero que lamentablemente se hunde en un precipicio de fallas gramaticales. He sentido un dolor por este trabajo. Sin estas fallas, estos trabajos pueden ganar no solamente el Ricardo Miró sino cualquier concurso en el mundo.
"Hemos propuesto al INAC que facilite una especie de cursos para prepararlos en el manejo de estas herramientas. No puede ser que haya tantos diamantes en bruto que no se han explotado para beneficio del lector panameño".
Sobre los temas presentados en estos cuentos tenían que ver todos con la identidad panameña. Lo que considera bueno porque "me inclino por la temática nacional. Si nosotros no hablamos de nuestra aldea quién lo va a hacer. Lo fundamental debe ser la identidad nacional. En la temática nacional hay un rescate de la memoria. Con la lectura de estos cuentos recorrí la geografía de Panamá".
Recomienda que el trabajo ganador sea leído por todos los panameños. Más aún cuando el problema de la gente que no escribe es que no logra ver la realidad en que vive y tiene que venir un extranjero o un escritor para hacerle ver lo que está pasando. "Este trabajo ha puesto el dedo en la llaga con elementos muy creativos y ha creado un mundo mágico hechizante y un espacio donde se pierden estatuas y monumentos sin que nadie sepa nada".
Para Danilo, no podemos llegar a una conclusión determinante. Cada identidad se deja llevar por sí misma. No se puede ir hacia la misma vertiente. "Tuve la suerte de servir de jurado de un país diferente al mío, y fue un reto porque antes de leer los trabajos panameños busqué en Internet libros panameños para así conocer las palabras que utilizan los escritores, encontré muchas, por ejemplo, la palabra ‘tranque’ nosotros no la usamos".
Capacitación
Lo dice con todo respeto y cariño. Es necesario que los escritores se sometan a un proceso de mejoramiento de la escritura. Lo recomendó en una conferencia el miércoles 15. "Todos deberíamos estudiar porque el conocimiento es todos los días. Además que los panameños se sometan a estos estudios, será un beneficio para la literatura panameña porque estos trabajos que participaron depurados, como debe ser, van a asombrar a América Latina, son muy buenos trabajos".
Conferencias
Cada año el INAC solicita a los jurados que dicten conferencias sobre temas literarios en diferentes puntos. El miércoles en la mañana iniciaron con "Interpretar libros o comprender la realidad" y "Cada cuento tiene su historia", ambas en el hotel donde se dictó el fallo la noche del martes.
Amparo Climent, de España, habló en el salón de profesores sobre el actor, compromiso y derecho de la propiedad intelectual. Lamentablemente esta conferencia fue escuchada por un número reducido de estudiantes, los pocos asistentes eran profesores, como Delia Cortés y Margarita Vásquez, y el resto de los jurados extranjeros.
Para este mismo público Roberto Manzano de Cuba habló sobre el alfabeto imaginal de la poesía en su país.
Las dos conferencias de la noche fueron también escuchadas nuevamente por los jurados internacionales y algunos panameños, y unas cinco personas fuera de los funcionarios del INAC que trabajaban en la organización del evento.
"Yo pensé que iba a tener muchos muchachos, pero no ha venido casi nadie", dijo en forma de chiste el jurado hondureño Eduardo Bahir, antes de iniciar su charla sobre la individualidad de los códigos autorales del cuento.
Esa misma noche, Cira Romero recordó trozos importantes del trabajo creativo de Alejo Carpentier.