La inesperada victoria de la potranca Lian Susu en la tercera carrera del pasado domingo, pagando un dividendo superior a los 200 balboas por boleto de dos, atizó una vez más el debate sobre lo difícil que es acertar un ganador.
Evidentemente, fueron muy pocos los que le veían oportunidad a esta yegua, pero, nuevamente, afloró aquello de la incertidumbre del turf.
Un ingeniero amigo nuestro nos comentó recientemente que era más fácil estudiar y graduarse de ingeniero, que acertar los seis ganadores del 5 y 6. Él sabrá por qué lo dice.
Lo importante que debemos resaltar aquí es que las carreras de caballos son competencias abiertas.
Cierto es que hay aspectos o indicios que nos llevan a inclinar nuestras simpatías hacia uno u otro ejemplar, pero en realidad todo el que entra al partidor automático tiene una oportunidad.
Las carreras no siempre las ganan los mejores caballos, sino los que están en mejores condiciones y tienen menos contratiempos durante el recorrido.
Lian Susu volvió a darle una lección a los incrédulos acostumbrados a ver fantasmas donde no existen.
La verdad es que nunca se podrá hacer feliz a todo el mundo.
Cuando las carreras están "fáciles" y ganan los favoritos, dicen que no juegan porque están muy malas; pero cuando se dan buenos dividendos, entonces se inventan todo tipo de historias.
Bien lo saben los hípicos más experimentados: carreras son carreras.
Los únicos que no pueden ganar son los que no corren y aquéllos que no juegan un peso.