Asomarnos a enero es un acto necesario. Desde 1964 Panamá empezó a vivir otra historia, una en la que la población empezó a ser protagonista. Los hechos de la gesta gloriosa del 9 de enero hay que recordarlos y exaltar a cada uno de los que murieron. A ellos le debemos lo que somos hoy como país.
Cuantos lustros ya pasaron
sin convocar al olvido
y es unánime el latido
del corazón con que amaron.
Una bandera empuñaron,
inmaculada semilla,
sembrada en la tierra trilla
la cosecha soberana
y en la consigna temprana
la luz de sus nombres brilla.
Nueve de enero la fecha
gloriosa cuando aprendimos
a vencer, y si vencimos
fue con el dedo en la brecha.
dolorosa aquella flecha,
desangrada cicatriz.
De coraje la matriz,
persistía, resistente
pariendo valientemente
una vez y tantas veces.
Los que su vida entregaron,
sin pensar en honra y gloria,
alcanzaron la victoria;
de la muerte regresaron.
Bajo el cielo se inmolaron
una, dos, tres, veinte veces
por la patria que mereces
por la patria que ahora canta
por la patria casta, santa
que te sustenta con creces.
Es su ejemplo monumento,
es bandera, escudo, flor.
Todo el amor al amor,
congelado en un momento.
Hoy un sólo movimiento
nos mueve de orilla a orilla,
y una bandera sencilla
es bandada soberana
que nace cada mañana
del corazón de la arcilla.