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La maldición se prolonga para los tenistas australianos


La maldición que obsesiona al número uno del mundo, Lleyton Hewitt y el vacío del público australiano, que no ve ganar a un jugador "aussie" desde que el mítico Ken Rosewall lo hiciera en 1976, ha prolongado su historia de la forma y en el momento más inesperado.
El triunfo del marroquí Younes El Aynaoui en los octavos de final del Abierto de Australia fue reconocido por los 15.000 espectadores presentes en el Rod Laver Arena del Melburne Park, entre lamentos de frustración local pero alentados por el espectáculo presenciado. El tenista de Rabat, de 31 años, tardó más de tres horas y media en contradecir las predicciones de los expertos y las expectativas de las apuestas.
Un saque intratable y una notable fortaleza física bastaron para inclinar las rodillas del joven de Adelaida, coronado como el mejor pero apartado del primer Grand Slam de la temporada. El torneo se queda sin representación australiana. Y eso que este parecía el año indicado.
Pero ni la prolongación de un brillante final de temporada, ni las notables ausencias, ni la teórica accesibilidad del cuadro -especialmente cuando se retiró el ruso Marat Safin- pusieron coto al maleficio.
Younes El Aynaoui no ha despuntado en un torneo de renombre. Acosado por la veteranía su techo estaba marcado en dos presencias en los cuartos de final: en el último Abierto de Estados Unidos y hace dos años, en Australia. El Aynaoui ha ganado a un estadounidense, Justin Gimelstob, y a un uzbeko, Vadim Kutsenko, pero no fue tenido casi en cuenta hasta que terminó con una de las sensaciones iniciales del torneo, el joven español Feliciano López.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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