Era ya de tarde. El sol empezaba a cruzar la línea que separa el día de la noche, en ese momento, justo, cuando se asoma la luna, Panamá celebraba a todo pulmón una victoria, una goleada, un triunfo que no sólo significaba la clasificación a la segunda ronda, si no también un mordisqueo a la manzana prohibida de los sueños.
Llegamos a la Cinta Costera, una pantalla gigante atraía las miradas de un público vestido de color escarlata, tan escarlata como la sangre que corre por sus venas.
Allí todos celebraban y gozaban del 4-0. El mismo escenario se vio en otros locales, donde se reunían compartiendo en familia y con amigos, de todas las edades...
Todos disfrutaron de este juego tan esperado por la fanaticada.
En medio de cantos y tambores el pueblo celebró cada minuto del partido.
Festejando cada uno de los goles que anotaba la Selección Nacional. Demostrando de manera enérgica la pasión por el fútbol.
Chicas... sí, lindas chicas no podían faltar para engalanar esta aventura de tardes de julio.
Y por allí también, grupos de bailes, azafatas, promotores, periodistas y políticos, todos tratando de aprovechar al máximo esta plataforma social, a la que en el mundo entero se le conoce como: hinchada.
Hoy, Panamá amanece con una leve resaca deportiva, que de seguro se seguirá viviendo en la próxima jornada, esta vez ante un rival más difícil que pondrá a prueba las habilidades de los “Stempel Boys”.
Al cierre de esta edición, aún se vivía en varios sectores de la ciudad las celebraciones y festejos característicos de este momento.
En Calle 50 se vivía una fiesta de carnaval y todo fue felicidad, con esa mirada alegre del recuerdo de los goles.
Panamá celebra con justa razón, porque sus héroes han cumplido y en nuestro mundo, hoy somos protagonistas. Así es.