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La mendiga de los ojos fríos

“Le pidió una prórroga a Dios, y Dios le dio una hora” Elías Canetti Esperábamos el cambio de luz


“Le pidió una prórroga a Dios, y Dios le dio una hora” Elías Canetti

Esperábamos el cambio de luz en El Dorado cuando la vi venir. Era una chola seria, de ojos grises, como de lagarto con cataratas. Pasó sin éxito por el carro delantero. Se acercó a mi ventanilla y extendió el brazo con un sucio vaso de cartón en la mano en el que sonaban en sordina unas monedas. Bajé el vidrio y le eché un cuara. Sin dar las gracias siguió su peregrinación. Mi amigo se burló de mí: Le das plata a una mujer que lo gastará en un pachita de seco. ¿No la ves, ya va medio jumada?

Claro que la había visto bien. Tengo suficiente experiencia en esto del guaro. Probablemente por eso fue que le di la moneda. Le dije a mi amigo: Apenas mi moneda entró en ese vaso, le pertenece totalmente, y puede hacer lo que quiera con ella.

Sí, me dijo, pero estás abanicando su vicio. ¿Abanicando vicio?

Pero tú crees que no es un trabajo pesado pedir limosna al mediodía con este endemoniado calor. Bien se merece su trago. Allá tú, fue lo que me contestó.

Esa chola taciturna y fiera se convirtió en mi mendiga favorita sin que ella lo supiera ni le importara. Una vez le metí un par de dólares doblados en su agresivo vaso. Ni así me dio las gracias. Ella quizá sabía que cumplía con permitirme un sentimiento piadoso. Esa pequeñez que hace sentir más cristianos a los cristianos. Aunque no va conmigo. Yo le daba porque le tenía miedo. Miedo a su faz hierática, a su corazón duro, olvidadizo; a su indiferencia con todo lo que fuera orgullo o sumisión. Ella era la pobre que los ricos temen. Al extender su vaso achurrado, otorgaba la libertad de darle o no una moneda.

Sería inútil tratar de sacar una historia de esta mendiga de ojos fríos. ¿Qué decir? ¿Qué no tuvo escuela? ¿Que de su familia, la echaron a un lado por su vicio?

Vamos, Neco, no eres adivino. Ella no era pordiosera por escogencia, sino por necesidad de un trago.

Hace tiempo que no la veo. No creo que se mudó a otro coto de caza. Temo que su cuerpo se cansó y se largó de este mundo. Si la hubiera visto una vez más, al dejarle la moneda le hubiera dicho ¡Salud, amiga!


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935014
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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