Deportes

La niebla y sus enlaces con la novela negra universal

este libro será valioso auxiliar para entender el momento en que vivimos, por sus alusiones al modo de vida particular del panameño en la encrucijada de dos siglos y dos milenios, y servirá para que nuestros nietos entiendan muchas de las causas de las situaciones prevalecientes en ese entonces.


Ramón Francisco Jurado nos ha entregado su segunda novela, La niebla, publicada bajo el sello de la editorial Géminis, empresa que se viste de gala nuevamente con este espaldarazo a la literatura panameña.
Lo primero que salta a la vista en la novela es que se trata de una historia bien contada, pletórica de acción, y con un valor agregado para el lector local: toda esa desbordante y efervescente marejada de eventos ocurre ente nosotros, en fechas memorables para cada uno, como fueron aquellas que en diciembre de 1999 sirvieron como marco para la reversión del Canal.
¿Cuál es el argumento que articula esta trama? La planificación y desarrollo de un complot para impedir que la vía acuática pase a manos panameñas, intriga en la que participan personajes que representan los más conspicuos protagonistas de todos las asuntos detectivescos: el villano, la víctima y el detective sagaz, y Paco nos presenta ahora a un nuevo personaje: la hermosa y astuta Sabrina Saavedra, una mujer detective que siempre encuentra la manera de enredarse en los problemas que se cuecen en su entorno, y quien confiesa en varias partes, no sin algo de preocupación, que es adicta a la adrenalina.
Igual que Sabrina, Jurado es sagaz y sabe armar historias atrayentes para el público en general, pletóricas de un humor cáustico que viene a ser como el trasfondo de las escenas de acción que se dan a cada vuelta de página, y cuyos planteamientos generales cumplen con los estatutos de la novela negra universal.
Para verificar este aserto, me remito a una especie de decálogo, no escrito formalmente pero sí asumido por los autores, los lectores y los personajes de estas obras. A la vez que voy enumerando esas reglas, voy a ir señalando cómo cumple La niebla con estas características.
En primer lugar, se dice que la novela negra se propone restablecer el orden que existe en la sociedad que ha sido testigo de un crimen abominable. Es decir, no vamos a encontrarnos con propuestas iconoclastas surgidas entre los renglones de una novela de Conan Doyle, de Ágata Christie o de nuestro Ramón Francisco. Lo que se plantea es la necesidad de identificar al culpable, atraparlo y castigarlo. Punto. En La niebla está explícito ese propósito.
Segundo mandamiento: el propósito central de la novela negra es descubrir al asesino, saber quién es. Tal esfuerzo consume el 90 por ciento de La Niebla, acicateando al lector con el suspenso de descubrir quién es el villano y qué es la niebla.
En tercer lugar, toda novela negra que se precie como tal dibuja a la policía local como ineficiente y atrasada en sus recursos. Eso sí, la pobre será lenta, pero siempre será leal y aparecerá tarde, pero aparecerá. Esos elementos también aparecen en La niebla.
Cuarto mandamiento: así como la policía es lenta, el detective privado es lo máximo. Es inteligente, es perfeccionista, es minucioso en sus observaciones y, como en el caso de Sabrina Saavedra, miss Panamá le hace los mandados.
Quinto mandato para las novelas negras: los detectives y las detectives no tienen corazón, o al menos así parece. La cosa es que no establecen compromisos permanentes, pues saben que su vida pende de un hilo y no quieren arriesgar a su pareja pidiéndole que se cuelgue de allí, tal es el caso de Sherlock Holmes o de Hércules Poirot. Con respecto a Sabrina Saavedra, basta con decirles que su novio se siente abandonado por ella y a cada rato se lo reclama.
Sexta cláusula vinculante: El detective siempre tiene dinero, aunque no se sepa de dónde lo obtiene. Por lo general, es de una clase económica alta y vive de acuerdo con esas condiciones. Sabrina Saavedra no solo disfruta de una buena posición económica, sino que su familia tiene tal peso en la vida del país que ella desde el principio le advierte al lector que ella es "de esos Saavedra" que se supone que todos debemos conocer.
Séptima norma: si detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, detrás de cada detective hay un amigo o amiga que trabaja tras bastidores, pero con gran eficacia. Watson es amigo de Sherlock Holmes; Hastings de Poirot y Raúl es tan allegado a Sabrina Saavedra que su novio sufre accesos de celos.
Octavo mandamiento de la novela negra: el narrador en este tipo de novelas aprecia mucho al lector y trata de simplificar las cosas para él. Aunque la trama sea complicada, siempre hallará la forma de hacer que el lector no se enrede. Cuando nos habla Sabrina Saavedra, narradora en primera persona, lo hace con un tono amical, abierto, sin esconder sus propias dudas, como sólo se le hablaría a alguien que uno aprecia mucho.
Noveno mandamiento: cualquiera podría ser el culpable, menos el propio detective pro supuesto. Entre más inocente parezca el victimario, más potencialidades reúne. En La Niebla no sabremos quién es el villano hasta las últimas páginas
Décimo mandato: cada una de las piezas que al principio de la obra aparecen disgregadas por aquí y por allá deben quedar finalmente encajadas en su lugar, y eso lo apreciamos cuando Sabrina Saavedra lleva a feliz término su aventura.
Hemos visto cómo los ejes de la novela policíaca se inscriben, otra vez, en esta obra, pero yo añadiría que hay algunos elementos sociológicos que el autor ha querido insertar en la trama, como el hecho de hacer coincidir en Panamá una lucha global que ahora mismo se dirime cruentamente en otras partes del mundo, y de traer a colación algunos temas pendientes en nuestra relación histórica con los Estados Unidos, aparte de que la protagonista es un vivo ejemplo de nuestra tradicional mezcla racial.
Como documento, dentro de 50 años o más, este libro será valioso auxiliar para entender el momento en que vivimos, por sus alusiones al modo de vida particular del panameño en la encrucijada de dos siglos y dos milenios, y servirá para que nuestros nietos entiendan muchas de las causas de las situaciones prevalecientes en ese entonces.
Hay también un vistazo tangencial pero certero sobre las consecuencias que producen en los hijos los hogares rotos por las circunstancias que sean, el dolor de la separación, el reproche siempre latente, y todo un cúmulo de consecuencias que solo alguien con la entereza de Sabrina Saavedra podría luego usar con su particular humor.
Para concluir, dejo anotado que Paco sigue demostrándonos sus dotes como escritor, su habilidad innata para crear mundos de acción que atrapen a todo lector, su eficacia a la hora de hacernos partícipes de sus tramas, su plausible intención de novelar a Panamá en Panamá, pero con técnicas universales que hacen de esta obra una lectura para el mundo.
NOTA. Ariel Barría es escritor, crítico literario y promotor cultural. Asesor del Círculo de Lectura Guillermo Andreve.


fecha edicion
old id
200498
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América