Una noche mágica, de esas que solo te da el fútbol, vivió el viernes el delantero panameño Luis “Matagatos” Rentería, quien marcó los tres goles con los que el Tauro derrotó 3-1 a un impreciso Plaza Amador.
El ariete istmeño volvía a su tierra, donde se siente cómodo. Fue la figura del cotejo. Los astros parecían haberse alineado para favorecerle. Brilló como hacía rato no le sucedía.

Pesadilla.
Un delantero sin goles es como un arma sin balas: sirve de muy poco.
El apodado “Matagatos” partió el año pasado a probar suerte con el Real Cartagena de Colombia, tras dos buenas temporadas con el Tauro FC, donde marcó 15 goles.

Rentería estaba en un buen momento. Era una de las nuevas figuras del balompié local, tanto así que se ganó un puesto en la selección nacional.
Sin embargo, el llegar a tierras cafeteras terminó por convertirse en su peor pesadilla.

El espigado atacante empezó a perder protagonismo y su olfato goleador.
Los encuentros transcurrían y poco se escuchaba de “Matagatos”. El nuevo lucero del fútbol istmeño se estaba extinguiendo a falta de goles.
Su pasaje por Colombia terminaba con muchas penas y pocas glorias, acumulando un saldo de dos dianas en 19 partidos. “Matagatos no mata a nadie”, ya proclamaban muchos.
Su baja forma goleadora lo relegó de la Roja, y a la distancia veía como Johnny Ruiz empezaba a mostrarse para hacerse con ese peleado puesto de tercer artillero de la “Sele”, por detrás de Luis “Matador” Tejada y Blas Pérez.
Tauro, el equipo con el cual se dio a conocer como un temible romperedes, lo rescató. El nuevo técnico del club, Sergio Angulo, le puso al instante una gran responsabilidad: ser el único jugador fijo en el once titular.
Rentería sabía que un nuevo reto estaba al frente. No podía darse el lujo de fracasar y, sin ningún tipo de temor, prometió que pagaría con goles la confianza que había sido depositada sobre su persona.
Contundente.
Con el 1-0 en contra, los “toros” intentaban reaccionar. Rentería estaba muy bien marcado y tenía que tirarse muchos metros atrás de su zona, para colaborar en el juego colectivo de su equipo.
El Tauro parecía estar lejos de lograr la igualada... hasta que un balón lanzado al área placina, a priori fácil de controlar, provocó un error en la defensa rival, el cual fue aprovechado por Rentería, quien, con una sutil definición sobre la humanidad de Vladimir Vargas, igualaba las acciones.
En el segundo tiempo, tras otro fallo de los zagueros placinos, Rentería anotaba el 2-1 y, en el tiempo de reposición firmaba el 3-1.
Tras ocho meses de sequía, Rentería volvía a anotar gol en un partido oficial. Aquella noche cambió su mote de “Matagatos” por “Mataleones”. El “Killercats” estaba de vuelta.