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La otra pandilla


La pandilla de chicos caminaba distraídamente rumbo a sus hogares. El sol era muy ténue. En los días en que la noche le roba tiempo al día.

Los muchachos despreocupados pararon en la tienda del chinito. Esa parada y otras no podían faltar, Una bebida, una gaseosa o un helado.

La noche estaba pisando fuerte, pero nadie se preocupaba, todos vivían cerca.

 

La pandilla de chicos se va despidiendo en el camino y cada uno va entrando a sus hogares. “Mañana vamos a buscar mangos y guayabas”, decía el más chispa, como tirando la línea.

La alegría del que harían mañana los llenaba de ánimo. Era un grupo de niños del cuarto grado que se unía para acompañarse y llegar a casa. Se protegían se cuidaban.

La pandilla inventaba aventuras, paseos y tejía sueños en el camino.

 

Hoy su connotación es otra.

En el círculo de nuestra sociedad el pertenecer a una pandilla es la marca de la delincuencia, es entrar a un grupo con códigos y reglas que no puedes desafiar.

Solo escuchar ahora de boca de niños me asusta, pues ya digieren su sentido. Nos unimos para pelear, unidos somos más fuertes.

 

Trabajar en acciones de inteligencia es vital como incrementar el pie de fuerza policial, el cerco a las oganizaciones criminales.

Pero existe un frente que está allí vulnerable y no se le está atendiendo.

Ese frente es la niñez que está muy sutilmente recreando en sus juegos en las escuelas, en las calles de los barrios, en el retorno a casa, actos de violencia.

 

Ahora los pequeños hablan de pandilla, pero es para pelear entre ellos, para atacar a quien no les agrada, para atacar a quien la chica que ellos quieren pone sus ojos.

Pandilla ahora en las escuelas es para deleitarse con hacerle daño entre muchos, lo que antes con honor y a puño limpio se debatía.

Ese frente hay que atenderlo, antes que se nos salga de las manos.


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691974
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América