Ayer el mundo le hizo un homenaje a la palabra escrita, al libro. Se escogió este día porque coincide con la muerte de Cervantes, Shakespeare y el inca Garcilaso de la Vega.
El libro ha sufrido muchos cambios, y diríamos que leer hoy implica hacerlo en formatos, tanto virtuales como de papel.
El libro tiene la importancia que merece, pero más merecimiento tiene el lenguaje en su forma escrita, el cual estamos llevando a un deterioro.
Es el momento para hacer un llamado de atención con el fin de que no se pierdan los espacios culturales que procuran la invitación a la lectura.
Si bien es cierto que estos espacios no tienen “rating”, en la sociedad “del conocimiento”, el individuo que no es capaz de escribir correctamente dos frases se encuentra impedido de colocarse en las primeras filas de los profesionales llamados a formar parte de la vida ciudadana, por lo tanto, serán solamente alfabetizados para determinadas tareas y no alfabetizados para la vida, que requiere de un constante reforzamiento de habilidades y destrezas, educación completa, y una formación cultural que le permita ser un ciudadano que se destaque por lo que sabe.
Es lamentable observar que cuidar el lenguaje escrito en nuestro país parece ser cada vez menos importante, igualmente el “saber escribir”, pero es evidente que no lo es para los que dirigen los medios informativos que tienen un nivel de compromiso. Más allá de informar, tienen la responsabilidad de educar a una población que les emula, y que repite cada frase que se va “pegando”, aunque se atropelle el idioma.
Urgen políticas que apoyen la lectura, urge que se tome en serio la responsabilidad que tienen las escuelas de enseñar correctamente el español y que los alumnos lo aprendan.
No podemos olvidar que aunque hayamos tenido históricamente influencias de muchos países, nuestra lengua es el español, ninguna otra nos pertenece y la estamos dañando como para que de ella “no quede nada”, y convertirla en dialecto que solo entiendan unos cuantos.