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La parada de los monstruos

Cuando uno escucha "no hay plata", empieza por recortar gastos para asegurarse de que lo básico no falte. La sensatez, esa cualidad tan poco cultivada ...


Cuando uno escucha "no hay plata", empieza por recortar gastos para asegurarse de que lo básico no falte. La sensatez, esa cualidad tan poco cultivada por nuestros gobernantes, recomienda no gastar lo que se tiene en aras de un "posible" bien mayor. Ese cuento se llama "La lechera", y no termina bien.

Resulta, saquen las cuentas conmigo, que no tenemos dinero para, entre otras cosas importantes, rehabilitar el Teatro Nacional. Bien. Pero entonces, en esa falta de recursos, aterriza en Panamá el ratón Miguelito y toda su pandilla para alegrarles las fiestas a los niños. Y no vienen de forma altruista, no, vienen previo pago de su importe. Este "detalle" se lo debemos a la Alcaldía de Panamá. El argumento para justificar el gasto, la infancia y el turismo. Se está ofertando como reclamo para que la gente venga, vea el desfile y compre en Panamá. En fin, las cuentas de la lechera.

Dice el Alcalde: "Se realizará con todas las especificaciones de calidad de Disney como vallas de seguridad, pantallas y bocinas a lo largo del desfile, será algo muy distinto a lo que estamos acostumbrados en Panamá". Cito de la Agencia de Noticias Panamá. La parada cuesta 3.7 millones de dólares. Un millón y pico lo pone la Alcaldía y el resto los patrocinadores. Una monstruosidad.

 

Con esa cantidad de dinero se podrían hacer eventos culturales de altísimo nivel durante mucho tiempo en la capital. Se me ocurren otras necesidades dentro del país que se podrían solventar con ese dinero, pero hablamos estrictamente de cultura. Y lo perverso de todo este asunto es que, si la Alcaldía puede aglutinar esa cantidad para una simpleza tan grande, ¿por qué no arrimarle ese presupuesto a un Festival de la Palabra, a una Feria del Libro o a la Biblioteca Nacional?

Esta es una parada de los monstruos. Los monstruos que produce el sueño de la razón. Lo razonable, claro, es que a nuestro país venga a felicitarnos la Navidad un pato, un ratón y su perro junto a (por primera vez en América Latina) todas las princesas de aquel reino mágico. Lo cierto es que esa partida, destinada al solaz navideño, es una bofetada contra todo sentido común. Y no hay ni una sola buena excusa para este gasto, ninguna, ni la ilusión de los niños.

Este desfile es dar unas migajas de entretenimiento al ciudadano medio para que se arrastre lejos de la posibilidad de dejar de ser un avasallado.

 

Los panameños no necesitamos una buena Feria del Libro o una Biblioteca Nacional con fondos suficientes, no, queremos ver a un montón de muñecos carísimos como si estuviéramos en Nueva York. No señores, esto es Panamá y aquí lo que necesitamos es cultura de verdad, digan lo que digan desde la Alcaldía. Flaco favor nos hacen si pretenden hacer pasar este despilfarro como un acierto.

Lo que ocurre es que el alcalde, como el presidente de la República y muchos otros que gobiernan, están empeñados en construir un Panamá desmemoriado y poco amante de la cultura. Ahora necesitamos traer lo más representativo de la "magia" para llenarles la imaginación de cuentos a nuestros hijos que, pobrecitos, nunca podrán ir a Disney.

La parada de los monstruos es un baño populista, como tantas cosas que hacen los entusiastas de la ignorancia. En lo que se requiere un largo aliento y constancia no quieren invertir, prefieren un aluvión de pelaítos y sus padres gritando emocionados ante las princesas. Cuesta más luchar por la verdadera cultura que llamar cultura popular a cualquier cosa que nos vendan.

 

La culpa no es de Disney: ante el vicio de pedir está la virtud de no dar, de no comprar, de decirles que si quieren prestigiarse que vengan, que desfilen gratis, nosotros le ponemos el marco y que ellos traigan la foto, pero no, nuestros gobernantes quieren que nos sintamos privilegiados por gastarnos un platal para decir que esto sólo ha ocurrido aquí. Y es verdad, sólo en Panamá ocurren estas cosas. Y por cierto, el rey está desnudo, aunque éste sea el país de los ciegos.


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1003535
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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