La Parca está susurrando a los oídos de Laffit Pincay Jr. en estos momentos. Le está diciendo al jockey más victorioso de todos los tiempos, cuán afortunado ha sido, recordándole que siempre parece haber tenido a los dioses de las carreras de su lado. De alguna manera, se las ha arreglado para eludir la tragedia nuevamente, quedando sólo a unos dos cascos de distancia de lo que pudo ser el terrible final de una magnífica carrera. Ya es suficiente, le está diciendo La Parca. Ya tienes 56 años, una esposa y una bella familia. Aléjate de este peligroso deporte mientras aún estás a tiempo.
Pincay, La Parca tiene razón. Cualquiera de los que estuvieron allí, en la pintoresca pista de Arcadia el 1 de marzo, hubiera apoyado este argumento. Cualquiera que vio el mediocre caballo de Pincay, Trampus Too, sujetar los talones del caballo que iba delante de él y caerse, tirando al pequeño y fornido panameño, al duro césped, elevándose y luego huyendo y por poco golpeando al jinete más famoso del mundo, hubiera estado de acuerdo.
Era un vuelco que podría haberlo matado. Un vuelco que podría haberlo paralizado. A pesar de esto, él se levantó y caminó, solo para darse cuenta más tarde que había sufrido la fractura de dos huesos en su cuello, con lo cual estuvo al borde de pasar el resto de su vida en una silla de ruedas.
Pincay no habla del accidente o de sus consecuencias, pero su hijo, Laffitt Pincay III, ha dicho que una decisión sobre su futuro se tomará "en una fecha posterior" Es una decisión más, es tan fácil como cuando vienes montando con seis cuerpos de ventajas a 50 metros para la meta: bajas la fusta y punto. Piensa que es sólo una carrera, Laffitt. Házlo por ti, por tus seres queridos y por todos los fanáticos que han admirado tú trabajo.
Ya no tienes que probar nada. Con 9,531 victorias en tu campaña, ya has roto el récord anterior de Bill Shoemaker, de 8,883. Pat Day, el jinete de 49 años que está más cerca de ti ahora mismo, todavía está más de 1100 detrás de tu total.
Y además, ya eres abuelo. Entras al cine a ver las películas y te cobran precio especial por tu condición de ciudadano mayor. Entonces para qué seguirte muriendo de hambre con esas dietas increíbles?. Para qué tienes que todos los días batallar con muchachos que tienen la mitad de tu edad?. Por qué, con tanto dinero en el banco, tienes que continuar tomando el riesgo de subirte en tercos animales de 1100 libras?.
Yo se por qué. Aunque por el momento no quieras hablar, yo sé que darías la respuesta usual: "Mi trabajo es montar caballos", dices siempre. Pincay ama su trabajo. Ama la competencia, el reto, la satisfacción que obtiene de una monta perfectamente calculada que lleva al círculo de ganadores para celebrar con un propietario y un entrenador felices. Y él está orgulloso. Ah, sí, está orgulloso! . Este es el Cal Ripken Jr. de la hípica. El tipo que siempre va a su trabajo, y marca su entrada en el reloj, sin importar cómo se sienta.
"Ese es el problema con Laffit," dice el jockey Chirs McCarron, miembro del Salón de la Fama, quien ya se retiró y fue nombrado recientemente gerente general de Santa Anita. "El viene a trabajar todos los días. Muchos de nosotros nos da catarro, o encontramos alguna otra razón para no montar. Pero él no." Tiene que gustarte mucho lo que haces para soportar lo que ha pasado Pincay con su dieta.
Durante años, esta leyenda consumida de peso, se limitó a ingerir entre 500 y 650 calorías por día. Sobrevivió a píldoras de dieta y calambres, y horas en la sauna. "Una vez salí a cenar con él en un restaurante, contó el entrenador Mike Mitchell; "tomó un pedazo de carne, sorbió el jugo durante 5 ó 10 minutos y después lo escupió".
Buen apetito, no es cierto? Entre los años de dieta y los ejercicios diarios, que hubieran avergonzado al más profesional de los boxeadores, Pincay debe estar un poco cansado. Lo ha estado haciendo por demasiado y suficiente tiempo.
¿Por qué seguirte torturando así? "Considero que los últimos años, el momentum del récord y su natural entusiasmo como jinete lo ayudaron en su forma de montar", manifestó el entrenador Richard Mandella, maravillándose en cuán exitoso se había vuelto Pincay en sus años de ocaso.
"Tienes que pensar positivamente cuando estás allá afuera" . También tienes que pensar de manera realista. Pincay se ha apartado de la ley de los promedios, de la misma forma que Muhammad Alí acostumbraba a alejarse de Joe Frazier. Ha padecido más allá de su cuota de lesiones. Una vez calculó que se había roto la clavícula 11 veces. Pero una lesión en el cuello es diferente. Una lesión en el cuello lo convierte en algo más peligroso que nunca, al saber que la próxima vez que salgas, si te lastimas una vez más, podría significar la parálisis.
Eddie Delahoussaye, otro miembro del Salón de la Fama, se retiró este año a los 51, porque había sufrido una lesión similar y los médicos le informaron que si sufría otra caída podría convertirse en algo peor. Mucho peor. Si Pincay mirara un poco más de cerca toda esta evidencia, tendría que estar casi de acuerdo.
El viejo dicho que asevera que la discreción es la mejor parte del valor, encaja muy bien aquí. Nadie hubiera podido pedir más de este sorprendente hombrecito. El ha sido verdaderamente uno de los mejores atletas del mundo durante las cuatro décadas pasadas.
Laffit Pincay Jr. es un gigante, y después de tantos logros asombrosos, todo lo que le pedimos ahora es que haga lo honroso. Lo sabio. Y que se aleje de este peligroso deporte, en una sola pieza.