Un universo fluye en cada libro que escribe. No había cumplido los dos años cuando pedía “Calili mamá, calili”, el infante poeta en su lenguaje decía: quiero escribir. Los libros y no los juguetes fueron lo suyo.
La prosa de Javier Alvarado despegó bajo una tormenta de sentimientos a los 10 años. Una vivencia muy fuerte, la pérdida de su abuela materna, maduró los sentimientos que desbocan inspiración y magia.

Fresco, rápido al hablar, claro de expresión y de humildad en su actuar. A la intimidad de su casa nos invitó sin importar el qué ni el cómo del entorno, sino darle rienda a la experiencia.
En algunos de sus poemas refleja es a pasión por la vida, la fe en Dios y el reconocimiento de que sin él y el esfuerzo no se saborea el triunfo.
A sus 28 años logra ganar el Premio Centromericano de Literatura “Rogelio Sinán” 2011, en poesía, un galardón que ha distinguido a grandes de las letras panameñas y centroamericana, arriba de los 35 años, pues lleva el nombre de uno de nuestros más connotados escritores, reconocido en diferentes rincones del mundo.
A Alvarado, le gusta la comida china, italiana y panameña.
Para ser poeta, ¿hay que ser romántico, un poco loco, más romántico o un poquito loco?
Pienso que las dos cualidades se pueden hallar en los poetas de muy distintas maneras y en muy distintos niveles. Creo que la locura puede definirse como una especie de magia, más que todo una sensibilidad profunda para ver las cosas de la vida y el romanticismo, en realidad, es también de ese aprecio por el cuerpo, por la esencia de lo humano que puede despedir un cuerpo, una personalidad de alguien, eso, digamos, puede ser el romanticismo de ver las cosas de otra manera.
Gabriela Mistral decía que los poetas tenemos una viga que nos deforma las cosas, y en realidad creo que son dos propensiones, la locura y la magia, y el romanticismo y el amor por el arte, amor por las palabras, y ver en cada persona y en cada cosa algo muy especial.
En la obra ganadora “Balada sin ovejas para un pastor de huesos”, ¿en qué te inspiraste?
El título fue como una revelación. A veces me ocurre que los títulos me llegan, vienen como revelaciones en los sueños: así me llega el título.
Lo que hice fue hacer un rescate de la época del siglo de oro, en el que estaban los bucólicos, un homenaje a los pastores; por ejemplo, a la famosa época de los pastores de Garcilaso de La Vega, también de la pastora Marcela, que la retrata en el Quijote y muchos temas pastoriles, pero posteriormente empezaron a surgir homenajes a poetas, a cantantes, a Edith Piaf, a Eliseo Diego. También hay un poema a la invasión en Panamá, a un tatarabuelo que tuvo mi padre. Es un universo lo que fluye en cada libro.
¿Cómo puede un poeta escribir de tantas cosas a la vez, cómo la mente puede crear, llegar a eso?
Son dos cosas. Lo da Dios y lo demás es el trabajo. Es una fusión de ambas cosas. Pienso que la lectura, el trabajo dedicado.
Estoy dedicado 100% a la literatura, de hecho inscribirse en el Ministerio de Educación es una pesadilla para una plaza de trabajo, digamos que me he dedicado a investigar, a leer.
¿Has participado en un concurso de nombramiento?
Sí, pero eso es horrible, uno llega y no le reconocen los títulos, las publicaciones tampoco, todo es un pero.
¿Cuántas veces has concursado?
Dos o tres veces.
¿Nunca has calificado?
No, no, no, no.
En tu obra, ¿tienes algún poema preferido?
Cada poema para mí es muy especial. Uno que fue un experimento, “Balada sin ovejas para un pastor de huesos”, es una especie de mosaico de un poema largo, pero juega con algunas cosas, pero todos para mí son especiales en ese libro.
¿Qué dice ese poema?
Es un recorrido por diferentes regiones que me ha tocado conocer. Hay un testimonio del DF (México), de Nicaragua, de Escocia. Trato en una parte el amor, el erotismo, es como un híbrido de muchas cosas. Es una bitácora de viaje, de vida.
La literatura describe a los neobarrocos como libres por la capacidad de deslizarse de un estilo a otro, ¿cómo logras esa agilidad en la poesía?
Han catalogado mi poesía de neobarroca y barroca. Tiene sus raíces en Luis de Góngora, en España, y José Lesama Lima, de Cuba, y de él se desprendieron grandes escritores como Severo Sarduy. Esta literatura lo que promueve es un cambio de la lengua, del uso de recursos, citas, epígrafes, con el uso de epígrafes, citas dentro de los poemas y homenajes; puedo meterme en el personaje de una manera teatral, en su mundo interior interpretándolo a través de un poema. Eso es lo que llaman la intertextualidad que, partiendo de un verso de él, puedo desarrollar otra realidad, pero con un arranque de ellos, y eso es lo que el jurado logró encontrar, los referentes, el uso de citas de intertextualidad y enmarcado dentro del movimiento neobarroco, bueno, me han catalogado neobarroco.
¿Estás de acuerdo con esta clasificación?
Pienso que ciertos trabajos pueden estar enmarcados, pero en cada libro trato de reinventarme siempre y buscar un diferente estilo, pero siento que hay una marca que yo no la logro identificar, sino los lectores que siguen el trabajo de uno y que ya saben que esta es la línea.
Dicen que así son los neobarrocos, ¿no te quieres poner ninguna camisa?
En realidad no, uno tiene que beber de diferentes fuentes. Lo que pasa con el neobarroco es que, cuando lo leo, las metáforas empiezan a fluir de una manera increíble, como un chorro.
¿Qué es lo que más te mueve en tus poesías?
Mi poesía es existencial, a veces está la historia sumergida. Puedo no militar en algunos movimientos o posturas, pero no soy ajeno a ellas. La política o lo social, lo religioso pueden afectar mi cultura, mi país, y yo no puedo escapar de eso. Siempre estoy pendiente de las cosas que ocurren y eso, de alguna manera, llega a la escritura. Uno no puede ser ajeno a la realidad.
¿Cómo se llama el poema sobre la Invasión, qué planteas?
Se llama “Los ojos de la historia”. Relata una pintura de un famoso pintor Eugene Delacroix (del romanticismo francés). La pintura se llama “La libertad guiando al pueblo” (1830). Es una mujer con una bandera y un seno al aire, va guiando al pueblo a la revolución. Lo que planteo es que esta pintura es la Invasión; se encuentra en los ojos dispersos de la gente que muere o de la gente que está y empieza a recoger los ojos, pero no los coloca en los cuerpos a que pertenecen, sino en cuerpos diferentes. Todo el mundo ve la historia a su modo y a su manera.
¿Cómo defines la producción poética panameña?
Panamá puede jactarse de una tradición poética con pocas figuras, pero con mucha calidad. Estos poetas pueden estar en una antología latinoamericana perfectamente. Pregunté en México la generación de la gente nacida en los 80, y son unos 5 mil, pero comparado con Panamá, que tenemos 3 millones de habitantes, somos como 3 o 4 activos de mi generación.
Es poco el trabajo, pero mi generación está dando frutos y un trabajo dedicado. Panamá es un país de poetas no en cantidad, pero sí hay un trabajo que la gente puede acercarse y es bueno.
¿Recibir el premio te sorprendió?
En realidad me tomó de sorpresa porque el fallo lo iban a dictar una semana antes y una semana después estaba enredado en otras cosas. Cuando me lo estaban entregando, me sentí muy contento no solo por mí, sino por la literatura de Panamá, porque es un logro muy importante. El nombre de Rogelio Sinán, que es el padre de la literatura panameña, digamos que no es un premio más a la carrera sino que también es otro llamado más a la responsabilidad, al compromiso de ser escritor.