Después de la aplicación de las medidas desreguladoras o flexibilizadoras, el mercado del trabajo no se estabilizó, ni cumplió las promesas de bienestar que justificaban ante la sociedad y ante los trabajadores las medidas aplicadas en los 80 y 90 del siglo XX.
No hubo más empleo, por el contrario, se precarizó el existente y la sociedad en general no ha sentido los beneficios de las medidas adoptadas en Panamá y en el resto del mundo, que con mayor vigor se dieron a partir de la caída del Muro de Berlín, porque como dicen algunos, "acabó el referente de una sociedad mejor", lo que refleja la intención de aceptar como axioma someternos a una vida llena de limitaciones en que sólo el capital tiene derecho de vivir con placeres y comodidades. Todo acicateado por lo que Pedro Rivera describe como el pacto de villanos, por el cual gobernantes y gobernados han convenido cambiar votos por promesas de clientelismo político, asistencialismo, y exclusión de la participación popular en la solución de los problemas (que por suerte en los últimos tiempos parece empezar a variar).
Seis de cada 10 empleos se producen en el sector informal en América Latina y Panamá, y 9 de cada 10 nuevos empleos son menos competitivos que en los países desarrollados.
En América Latina se amplió la inversión extranjera en casi 90% en los últimos 10 años; La región está creciendo a un promedio de 5% desde el año 2000 pero es aquí donde hay la mayor desigualdad del mundo; con un nivel de desarrollo humano por debajo de la mediana, salvo algunos países como Chile; Uruguay y Argentina. Panamá como es sabido, crece económicamente a un ritmo de entre 5 y 6% pero seguimos siendo padeciendo una de las peores formas de distribución de riquezas del mundo, con 40% de pobreza y 26% de pobreza extrema. En otras palabras, creció la economía, la riqueza, pero aumentó la pobreza.
Para los trabajadores, la flexibilidad laboral llevó a que ya nadie tenga al trabajo como referente de un proyecto de vida. "Hay que pensar con espíritu emprendedor, empresarial" sostienen algunos, combatiendo la idea de que el trabajo dignifica. Nadie piensa en desarrollar una profesión u oficio para vivir y jubilarse dignamente pues se busca ser "competitivo" o sobrevivir como se pueda en el día a día, sin pensar en mañana ni mucho menos en retirarse de la producción.
La autoflagelación es otro resultado. Los trabajadores ya no reclaman el derecho al descanso sino más horas de jornada extraordinaria; trabajar en vacaciones; declarar menos ingreso al Seguro Social, etc.; todo lo que implique más ingreso, aun en fraude de la ley y de sus propios derechos, en connivencia por supuesto con el empleador, al extremo que se acepta terminar a relación formal de trabajo a cambio de laborar en forma externa para la misma empresa (outsoursing), con tal de no perder totalmente el ingreso.
La lucha de los trabajadores por mejorar las condiciones de trabajo, individual y colectivamente, fue sustituida por la lucha por el empleo (aunque sea mal remunerado, aunque sea sin protección alguna -he allí la desgarradora esencia de la salvajidad del sistema-).
El darwinismo social, la ley de la jungla, según la cual sobrevive el que mejor se adapta a las condiciones del entorno o sea, individualismo elevado exponencialmente a su máxima expresión, es también efecto de la flexibilidad. Así mismo lo es la idolatría de la ganancia. Una carrera sin fin por el lucro, por ser "empresario exitoso" a costa de violentar los derechos de los trabajadores, por vía institucional, legal o ilegal, por medio del "juega vivo", etc.
Aunque el Banco Mundial insiste en calificar a los países desreguladores más recientes (algunos países africanos y de Europa del este) como el modelo a seguir, sin considerar la profunda y salvaje explotación y exclusión socioeconómica a la que se está sometiendo a la población, se ha iniciado lo que Victor Tokman, de OIT denomina "la contrarreforma", tímidamente en algunos países de Latinoamérica en los que se han dictado normas para proteger el llamado trabajo negro (informal, oculto), como Perú, Chile y Colombia.
En otros, la nueva protección ha sido más profunda, como Argentina (como parte de las medidas de recuperación económica). En La Unión Europea se discute sobre el llamado libro verde, propuesta de reforma del derecho del trabajo, tendiente a proteger a los trabajadores de la deslocalización de las empresas y los contratos atípicos en una nueva concepción de tutela laboral.
En Panamá se han dictado normas sobe el primer empleo y se hacen esfuerzos por capacitar y certificar para el trabajo (INADEH) y se ha realizado una sobria inspección del trabajo, en el marco de lo que el ex Ministro Reynaldo Rivera denominó como una nueva "cultura laboral". A la jurisdicción del trabajo le ha correspondido juzgar la existencia o no del trabajo informal y las nuevas formas de contratación. Sin embargo aun no se realizan cambios laborales que aseguren la protección del trabajo informal ni enmiende los exabruptos de la reforma, reconociendo los cambios estructurales del mercado y de las empresas, además de las nuevas formas de contratación.
Las propias trasnacionales han intentado paliar el vergonzoso resultado social de la flexibilidad, proponiendo el llamado soft law, que incluye códigos de conducta, buenas prácticas, responsabilidad social empresarial, etc., desde su propia iniciativa, además de los acuerdos marcos con los sindicatos a nivel internacional.
Según altos directivos de la FIAT, empresa emblemática italiana que estuvo al borde de la quiebra, ella se ha venido recuperando debido a tres herramientas básicas: Los cambios estructurales en la empresa (despidos masivos; descentralización de la producción, etc); apoyo estatal (pago de salarios temporalmente a sus trabajadores cesanteados) y dialogo social (con el sindicato, los trabajadores y
o la población). A nuestro juicio este ejemplo resume el camino recorrido: Desregulación salvaje; participación estatal en pro de la empresa y del empleo y finalmente, diálogo social.
No basta sin embargo, la tutela del trabajo solo por vía estatal, es necesario que los propios afectados hagan valer sus derechos en las nuevas condiciones. Por eso los sindicatos deben afrontar los retos en el escenario del siglo XXI, o sus días estarán contados, según algunos teóricos del derecho del trabajo.
(Segunda Parte)
La protección del trabajo en el Siglo XXI
No basta sin embargo, la tutela del trabajo solo por va estatal, es necesario que los propios afectados hagan valer sus derechos en las nuevas condiciones. Por eso los sindicatos deben afrontar los retos en el escenario del siglo XXI, o sus das estarn contados, según algunos teóricos del derecho del trabajo.