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La recta final


El nombre de esta columna tiene varias razones. Descriptivamente dentro del argot hípico es el momento en la trayectoria de una carrera donde se define el evento; es el momento donde no valen las excusas y donde los errores pagan su precio con la victoria o la derrota.
Para el victorioso es el momento de regocijo, porque para los hípicos de tuerca y tornillo es muy gratificante ver las sedas de nuestras cuadras alzarse con la victoria y para los perdedores no es más que esa razón para seguir esforzándose y poder saborear el placer de superar los obstáculos.
Es así que la hípica se encuentra en la recta final, donde todos los que durante muchos años hemos participado en este deporte, "El deporte de los Reyes", tenemos que despojarnos de posiciones mezquinas y partidistas y enfrenar la cruda realidad que la hípica se esta hundiendo.
Debemos unirnos, no importa que extremistas seamos, o a qué grupo social, político o económico pertenezcamos y luchar por adecentar y enrumbar por mejores caminos una actividad tan noble como la hípica.
Desde cuándo Panamá ha sido un país futbolista. Con el perdón de los aficionados del fútbol, Panamá siempre fue un país gustoso de las carreras de caballos; quién no recuerda alguna tarde que compartió con sus padres, abuelos o amigos esa maravilla que son las carreras.
La hípica en sí no es culpable que los dirigentes del coso hípico hayan dejado que otras actividades más contemporáneas hayan mejorado, y sean más competitivas dentro de nuestro entorno de sociedad moderna.
Ellos fueron de corta vista, y no crearon los atractivos necesarios para hacer de nuestra hípica una actividad competitiva desde el punto de vista del mercadeo, y nos hemos quedado rezagados, mirándonos a la cara sin saber que hacer.
Y si no hacemos los correctivos todos, solo seremos capaces de añorar lo que fuimos, pero se acabó por muchas razones.
A los intereses creados que deben recordar que ya el "pastel" ha sido dividido en tantas partes, que ni con los favoritismos y ventajas a las cuales están acostumbrados, ni siquiera alcanza para cubrir los gastos.
A los dueños de caballos de Panamá que recuerden las palabras del Presidente Remón, del cual heredamos el nombre de nuestro coso hípico: "Ni millones, ni limosnas queremos justicia".
Probablemente Remón debió vislumbrar lo que la hípica sufriría en el nuevo milenio, y tienen que entender que si no luchamos por una justa redistribución de las ganancias del negocio, pronto desapareceremos.
Y que ese dicho que se comenta defendiendo a la empresa de que nadie invierte para perder definitivamente es verdad, pero que deben entender, que tampoco somos los dueños de caballos, que invertimos todos los años millones de dólares en la compra de nuevos animales, y en alimentación, tampoco estamos dispuestos a "mantener a una empresa a costo de nuestro esfuerzo y de nuestras inversiones, ¡hasta cuando señores, hasta cuando esa lucha señores!.
Nuestra hípica, "nunca" ha sido una hípica de hombres adinerados, siempre se caracterizó por una abundante presencia de clase media, de clase media baja y baja.
O es que olvidamos nuestros orígenes, y ahora porque tenemos unos reales más nos creemos por encima de los demás.


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188823
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América