No me gustó como jugó Panamá. Vuelvo y lo repito: no me gustó.
Es verdad, ganamos; pero no mostramos nada de lo que se ha venido haciendo desde que se inició el proceso. Lo que quiero decir es que se pudo haber ganado mejor y convenciendo más.
No sé por qué se sufrió de más, cuando contamos con un equipo mil veces mejor que Nicaragua, un rival que apelaba más a la fuerza y a la garra, pero que, en lo futbolístico, no decía nada, nada.
Lo único que me quita un poco el malestar por haber jugado mal es que el equipo consiguió sumar las tres unidades.
No se puede regalar nada en estas eliminatorias. Jugamos horrible. Nicaragua solo tiene a tres jugadores en el extranjero; mientras que la Roja cuenta con la mayoría viendo acción en el balompié internacional.
Más que el resultado, la actitud no me gustó. Se pudo mostrar una mejor cara y un mejor funcionamiento. No hay excusas.
Todos sabíamos que iba a ser difícil. Lógico, ellos estaban en su casa y tenían el apoyo de su público, pero ni eso es excusa, ya que sabemos que estamos varios escalones encima de ellos.
Apelar a la mediocridad es malo. Julio Dely Valdés deberá tener claro que tendrá que hacer muchos retoques para que todo salga bien más adelante.
¿Por qué Cooper no mostró el mismo desparpajo que enseñó contra Paraguay? ¿Por qué? ¿Por qué Blas Pérez, a pesar de haber marcado, no es más efectivo?
Los factores psicológicos son los que más afectan a este equipo a la hora de la verdad y, eso, quedó más que demostrado ayer.
En Copa Oro, nos encontramos a nosotros mismos y quedamos terceros.
Pero, ayer, no sé qué ocurrió. Jaime Penedo tuvo que salvarnos en varias oportunidades y hasta se convirtió en la figura del partido.
Esto nos queda de aprendizaje. La Roja ganó, pero lo hizo sufriendo.