E n primer lugar la felicito por su última novela. Creo que con “La tarde en que llegaste a verme”, se enriquece la llamada literatura de la Invasión. Esta obra trae consigo una novedad: es una novela experimental. Es un cambio de marcha (su metaficción), que a mi entender solo tiene antecedentes en la cuentística.
Por otra parte, como en la gran literatura, en “La tarde en que llegaste a verme”, se nos ofrece una galería de personajes, cuyo perfil nos permite reconocer la especificidad del factor humano nacional, tan matizado por el choque cultural.
"Diez para las seis" es un personaje que se me antoja interesante porque no está desprovisto de valores, pues resulta notoria la consistente lealtad hacia su jefe. Serafina tiene ese toque de genio, de visión mágica y de autenticidad, que nos hace anhelar que el personaje tenga un correlato en la realidad; es decir, se nos hace entrañable y deseamos su existencia.
Robert, es la intrepidez de su novela, un personaje que debido al carácter que le es dado permite la verosimilitud en sus cuestionamientos “cara a cara” con el escritor que lo creó.
Es digna de mención la diversidad de escenarios y de hechos históricos que sirven de materia prima para la ficción.
La Invasión es recreada, pero su esencia histórica se mantiene como dato no vulnerado, es decir, el modo en que fluye la invasión es ajeno a ciertos enfoques que le imponen al lector la valoración ideológica de los hechos del 20 (o 19) de diciembre. Las versiones tramposas o elevadas y nobles de la humanidad están en una clase social como en la otra, lo que no es fácil de lograr cuando se tematiza la Invasión. Por esta razón, su más reciente aporte literario ha de contribuir, sin duda, a mantener con la debida vigencia el debate sobre este triste azar de 1989.
Son atendibles, además, un par de audacias: la intersección de tiempos y realidades distintos (la creación literaria se convierte a la vez, en un elemento del asunto ficcionado).
No es de orden menor el asunto erótico, lo cual es tratado sin mojigatería, pero con consistente nervio poético.
En suma: he disfrutado esa promesa de bien que es su novela. Y la experiencia de dicha lectura, me convence que la literatura panameña, principalmente la de hechura femenina, está en alza.
* Profesor de filosofía e Historia, por la Universidad de Panamá, con maestría en Estudios Políticos. Ha obtenido tres veces el premio Ricardo Miró, 1991: Ensayo filosófico: Libelo contra la muerte; 2000: Ensayo sociológico: La palanca del mal; 2008: Cuento: Un milagro bastante raro.