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Las huellas del Corsario


Laffit Pincay Jr. vivió humildemente en un cuarto con un altillo entre las calles 12 y 13 Oeste, Santa Ana. Su primer carro fue un viejo Mustang rojo y para ser jinete su madre, Rosario Fernández de Aguirre, le puso como condición que terminara sus estudios. Hizo la primaria en la escuela Estados Unidos y obtuvo su bachillerato en la escuela Práctica de Comercio.
Cuando pequeño miraba el firmamento y correteaba los aviones, mientras estos se perdían entre las nubes: "Yo voy a ser famoso; mi nombre va estar en todos los libros y cuando pase en un avión voy tirar bastantes papeles que digan ¡Aquí va Laffit!", recuerda Sary Castro, una amiga de la infancia y vecina de Laffit, cuyo piso servía como techo al cuarto donde el futuro astro vivía con su madre en la calle Victoriano Lorenzo, donde sufría de pobreza material, mas no de espíritu.
Pincay, quien ya cumplió su sueño de ver su nombre en los libros y que ha viajado en aviones hasta el cansancio, no ha tenido que repartir papeles para que el mundo sepa quién es. En él se confirma una sentencia bíblica: "Por sus hechos, los conoceréis".
El cuarto 16 del viejo caserón 1212 en Santa Ana y que, casi 40 años después, todavía se mantiene en pie, es testigo mudo de los sueños del hoy famoso látigo panameño nieto de un ecuatoriano y una cubana.
Cuando acabe el siglo, el nombre de este panameño figurará en la cima entre los de su profesión y pasará a la inmortalidad, no sólo como el máximo ganador de carreras de todos los tiempos, sino como uno de los pocos atletas cuya actividad profesional se ha extendido por 6 décadas (60`s, 70`s, 80`s, 90`s y 2000)
Cierto es que la perseverancia y la disciplina de Laffit Alejando Pincay Fernández le han servido de vehículo para llegar hasta donde está. Pero hubo mucha gente que contribuyó a que esos primeros pasos fueran atinados y en la dirección correcta.
Blas Becciu, quien ha mantenido un perfil bajo en estos momentos cuando la atención mundial está sobre "El Corsario", es uno de esos personajes que, como él mismo dice: "no hice a Pincay, pero lo ayudé a hacerse".
Aunque hay 16 años de diferencia entre ambos -Laffit tiene 52 y Becciu 68- mantienen una amistad de más 30 años, pese a que todo no ha sido "color de rosas", según Becciu.
"Laffit tiene un carácter muy fuerte y eso a veces me chocaba, pero siempre la amistad y el respeto que sentimos el uno hacia el otro, nos permitía superar esas pequeñeces. Ha sido una amistad buena, sincera y sin interés", recalcó Blas Becciu, en cuyo taller de mecánica, se hicieron varias transacciones relacionadas con la actividad profesional de Pincay.
Blas y Laffit se conocieron en Calle 13 Oeste, lugar donde ambos nacieron y crecieron, aunque en épocas diferentes por la diferencia de edades.
"Tuve que darle un par de correazos, debido a sus travesuras", recuerda, Becciu. "Antes de convertirse en jinete y de llegar a tener amistad conmigo, recuerdo que Laffit, junto con un grupo de mozalbetes se montaban sobre mi carro y lo ensuciaban cada vez yo lo lavaba. Tuve que corretearlo y darle su correazo varias veces", relató don Blas sentado en la puerta del negocio que dejó de ser el taller de reparación de llantas en donde se finiquitaron muchos tratos relacionados con Laffit para convertirse en un importante taller se servicios mecánicos.
La relación hípica entre Laffit Pincay y Blas Becciu se concretó, a instancias del propio Laffit, "quien sabía que yo conocía mucha gente en el hipódromo, así que un día se me acercó tímidamente y me llamó a parte para conversar".
Me solicitó que lo ayudara con la gente que yo conocía en el Hipódromo y mi respuesta fue inmediata: "con mucho gusto". (Continuará)


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73343
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América