El Liverpool, un club apretado por las circunstancias, no logró ayer en Anfield la victoria que tanto necesitaba y, por el contrario, cayó ante el Lyon por 1-2, un resultado que cae como una losa sobre las esperanzas europeas del equipo de Rafa Benítez.
El factor Anfield ayuda normalmente a buscar soluciones imposibles, pero anoche la magia brilló por su ausencia. Al once red le asfixiaba la presión y la plantilla echó de menos a sus talismanes.
Hoy se topaban en casa con un rival francés, líder, además, de su grupo, lleno de ímpetu que obligó al once anfitrión a hacer un auténtico esfuerzo de creatividad desde el silbato inicial para poder mover la pelota en el primer acto.
La situación, sin duda, no era favorable al once de Merseyside. Y por si la baja del atacante español Fernando Torres fuera poco, el equipo inglés tuvo que prescindir temprano de los servicios de su capitán, Steven Gerrard, a quien Rafa Benítez sustituyó a los 25 minutos de juego por Aurelio. Circunstancia que, por cierto, preocupa de cara al próximo encuentro liguero ante el Manchester United.