La noticia sobre la absolución del ex jinete panameño Braulio Baeza de las acusaciones que se le endilgaban por supuestos actos reñidos con la honestidad, fue gratamente recibida.
Baeza fue declarado inocente, junto a Mario Sclafani, de los 291 cargos que pendían sobre sus cabezas desde hace casi dos años, al no encontrarse pruebas que los implicaran en actos ilícitos, mientras laboraban en los hipódromos más conspicuos de la “Gran Manzana”.
Fue tanto el interés que produjo la buena nueva, que Laffit Pincay Jr. se comunicó inmediatamente con sus amigos Guillermo Medina Matos y Emilio Arosemena para comentar el hecho.
En Panamá hubo gente como Miguel Narbona, quien jugó un papel importante en la campaña que iniciamos aquí, primero, divulgando las virtudes de Baeza como hombre de la hípica y, después, solicitando todo tipo de ayuda para asegurar la defensa y un proceso prístino para salvar la imagen de ese panameño, que tiene entre sus muchos logros el ser el primer jinete latinoamericano en ganar el Derby de Kentucky.
El propio Baeza manifestó su agradecimiento a toda la gente que desde acá lo apoyó de distintas maneras.
Nunca tuvimos dudas que saldría bien librado, porque las supuestas pruebas que lo implicaban tenían la consistencia de una burbuja: ninguna.
La gran lección que nos dio Braulio Baeza es que debemos actuar siempre por la senda derecha en nuestro presente, porque en el futuro esa puede ser nuestra tabla de salvación.
Contravenir las reglas, salir por la puerta de atrás o creer que se está por encima de todo, son pecados que se pagan caro. Para las nuevas generaciones de jinetes el mensaje es andar por el buen camino y dejarse llevar por los mejores consejeros, así tendrán un presente con brillo y un futuro sin sombras.
Ya de su lesión, de sus homenajes, de tantas cosas se ha hablado, pero hay un detalle que tal vez no se sepa. El cual solo el fino oído de los periodistas permite conocer.
Y es que uno de sus rivales, el italiano cuyo nombre no se merece estar en esta historia, tiene una madre que odia a Irving. La señora lo insulta, lo detesta, no soporta la idea de que un panameño destrone a su hijo. Injurias y gritos racistas salen de su boca hacia Irving. Envidia, eso a ti no te molesta. Tú eres más que ellos. Tú eres Campeón. Eso nadie te lo quitará.
Ese eres tú. Canguro del pueblo, pequeño chaval de corazón noble. Tú no lloras. No porque no quieras, ni porque tu espíritu no sepa llorar. He visto en tus ojos una lágrima asomar. Pero se esconde lejos, muy lejos. Porque lo que el mundo ignora hasta hoy es que los Canguros no pueden llorar.