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Las personas confunden más con mejor


Otra cosa que aprendí en compañía de Samuel es que “más, no es mejor”.

Pensemos en un boxeador que conecta golpes incansablemente. ¿De qué le sirve su insistencia si, hacia el final del encuentro boxístico, es su contrincante quien propina el golpe noqueador?

En un corto espacio de tiempo, puede cambiarse el mundo, ¿cierto?

 

A Juan Rulfo, por ejemplo, le bastaron dos libros para inmortalizarse.

Pero tal vez haya que ponerle un apellido a esta máxima: “Más, no es mejor, cuando es más de lo mismo”.

Alguien dijo que es una tontería repetir lo que se hace siempre, y esperar resultados distintos. Y ya la física cuántica demostró ser más cierta que la newtoniana: el universo es un organismo vivo y no una relación simple de causas y efectos.

 

Volvamos entonces a los argumentos de Samuel.

Para él, la cons-ciencia del escritor debía estar en permanente desarrollo. Ningún ser humano debe ser siempre “más de lo mismo”. Quien se queda mucho tiempo en el mismo lugar, es barrido por los vendavales del tiempo.


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545660
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América