Elisinio González G. (elisinio.gonzalez@epasa.com)
No me equivoqué al pronosticar que la estrategia de Moruti Mthalane lo llevaría a noquear al panameño Ricardo Núñez.
Lo que sí me enoja es que al panameño se le abrió la puerta del triunfo en el tercer “round” y no la supo aprovechar.
Todos sabemos que la campana salvó a Mthalane en el tercer asalto, pero en el cuarto, Núñez debió salir disparado como un resorte de su esquina. Debió salir con hambre, como una fiera a cazar a su presa. Mthalane estaba herido. Todo el coliseo lo sabía. Se veía en su rostro, pero al final el panameño no aprovechó.
En el mundo del boxeo hay que tener instinto asesino. Y eso fue lo que le faltó al panameño en ese cuarto asalto que pudo haber cambiado la historia del pleito.
Había que ponerlo todo. Arriesgar la vida, porque se sabía de lo peligroso que era este sudafricano, que al final sacó provecho de su mayor experiencia.
Le faltó el instinto asesino
En el mundo del boxeo hay que tener instinto asesino. Y eso fue lo que le faltó al panameño en ese cuarto asalto que pudo haber cambiado la historia del pleito.