Estos domingos son apacibles. Luego de una semana tormentosa entre el dilema si Basile o Julio, pues quiero recordar, como periódicamente le hago a la Fepafut, que sigue debiéndole una oportunidad a Richard Parra.
En este caso, no hablo de la selección mayor, porque el diálogo está motivado por oleajes de otras costas.
Me refiero, específicamente, a la Selección Sub-23, a la preolímpica. Ese equipo que para llegar a Londres la tendrá más dura que la mayor a Brasil porque la eliminatoria es más complicada.
Tomando los elementos que se han dicho en estos días, les recuerdo a los dirigentes que Parra conoce mejor que nadie el patio, a los rivales y tiene algo muy importante: carácter.
Parra ha superado, con creces, a todos los técnicos nacionales en los últimos años. Es el técnico de nuestra liga con mayor cuesta arriba de la década.
Si ya otros han tenido esta selección, el hecho de negarle a Parra una selección nacional de cualquier categoría, solo indica inmadurez de los dirigentes.
Aquí a Stempel, conocido del patio, se le ha dado de todo, lo cual estuvo bien en su momento. Pero a Richard, por caprichos de la Fepafut, pues no.
Es la ley de la injusticia, y eso me molesta un poco, porque es tonto, por no decir palabras más altisonantes, no entender que en el patio está este entrenador que maneja, al dedillo, un equipo como el Árabe Unido con todos las aristas que esto lleva.
Esta es la piedra en el zapato de la gestión de Alvarado. Es su deuda con el fútbol. Así es.