La edad es uno de los más grandes obstáculos y una de las razones de peso para que los deportistas élites le digan adiós a la actividad. Hablamos de atletas forjados a fuego y martillo, a tal punto que lo añejo los hace ver como superhéroes en cada una de las batallas.
Uno de estos casos vivos es el tirador panameño Mariano Rivera, quien vuelve hoy al campo de entrenamiento con los Yanquis de Nueva York .
Luego de una inactividad de ocho meses debido a una lesión, Rivera está de vuelta, aunque para esta temporada hay algunas cosas que van a cambiar.
El más grande cerrador de todos los tiempos del béisbol de las Grandes Ligas no llegará a dar autógrafos, a posar para las cámaras fotográficas y mucho menos a pasarla chévere, sino tendrá que demostrar, en cada uno de sus envíos, que está apto para ganarse cada dólar de los 10 millones estipulados en su contrato, el último de su carrera.
La acostumbrada llegada tardía de “Mo” a los campos de entrenamientos es historia. Tal como lo hacen los novatos, Rivera se reportará de inmediato. “Esta vez, voy a aparecer en el momento preciso”.
El orgullo de Puerto Caimito espera dar señales de ser el mismo cerrador dominante antes de esa trágica tarde del 3 de mayo en el Kauffman Stadium, en Kansas City, en donde sufrió una lesión en uno de los ligamentos de su rodilla derecha, que detuvo su carrera y mantuvo en vilo a los seguidores de los Yanquis.
Naturalmente, Rivera promete que va a estar bien, y que va a llegar hoy para empezar a trabajar fuerte.
“El brazo está bien. Me siento muy bien y estoy ansioso por que llegue el momentos de regresar. No les puedo negar que estoy un poco nervioso”, señaló Rivera.