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Llorando el muerto ajeno


El ambiente se notaba enrarecido, contaminado.

Eran las 7:30 de la mañana. El día amaneció lluvioso y con truenos que estremecían hasta las edificaciones de bloque y concreto. Era mayo, mes que no correspondía a la temporada de lluvias como solía ser en casi todos nuestros países desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

Las frágiles viviendas de la “periferia” mostraban cara de angustia ante la arremetida de las tempestades, que, con sus copiosas lluvias a destiempo nos demuestran las consecuencias de la irresponsabilidad con los medios de producción que se vienen dando en los llamados “países desarrollados”. Y como una demostración más de las desigualdades, estas casas rústicas contrastan con los edificios de lujo y residencias ostentosas que se encuentran a su lado. Parecen dos mundos, uno al lado del otro, en una misma ciudad y país.

 

En uno de estos edificios, parada frente al ventanal de la oficina del Gerente General de Químicos Nacionales Sociedad Anónima, estaba la eficiente Miryam Novarro, Secretaria Ejecutiva en funciones- el jefe aún no había llegado y Miryam sentía miedo y atracción a la vez, por el espectáculo que observaba.

Tenía su mirada en el firmamento a manera de ruego al Creador...- De pronto, su estado de ánimo ¡cambió!..., sonó el timbre del teléfono del Gerente General, su jefe. Corrió al escritorio a contestarlo.- Una voz amable, aunque autoritaria, le dio instrucciones... – Sí, señor,... inmediatamente, asintió Miryam a su interlocutor y continuó,...- ya envié esas notas; solicité a Compras lo que me indicó y al Departamento de Ventas le di instrucciones sobre los despachos al exterior.- Ah!., jefe, ¿cómo está el tiempo por allá?, acá llueve a cántaros,... mejor dicho, diluvia-... Igual por acá Miryam,... igual. Parece que en toda la ciudad,... respondió su jefe, y al paso le dijo,- ya no demoro, tenga todo listo, recuerde que es fin de semana y como todos los viernes, tenemos reunión con los Directores.- Entendido, señor, todo está listo.-... respondió Miryam, y colgó el auricular.

La dinámica mujer dio una mirada alrededor, como verificando lo necesario para el agitado día.

 

Tomó el teléfono interno y marcó el 04, la extensión de “Chupeta”, el conductor-mensajero de la Gerencia. Su nombre era Constantino, pero nadie lo llamaba así... todos los llamaban, de cariño, por su apodo, Chupeta.

“Chupeta” no contestó el teléfono, y Miryam recordó que el día anterior le habían autorizado un permiso para no venir hoy viernes, pues dijo, debía atender un compromiso de familia en Turbana, un pueblo vecino a la metrópoli. “Chupeta” era un viejo empleado de la empresa. De sus 45 años, 25 los había entregado a servirle a Químicos Nacionales, siempre como conductor-mensajero, aunque era persona de confianza de todos los Directores, pero especialmente del Gerente General y,... de Miryam. Se había convertido en el soporte necesario y oportuno, además de que tenía buen carácter y hacía gala de humorista natural. A diario, hacía “mandados” (diligencias) a sus compañeros sin que por ello dejara de cumplir con sus deberes.

La mañana estuvo durísima con el trabajo. El Director de Producción así como el de Control de Calidad esperaban ansiosos las 3 de la tarde para la reunión. Lo mismo le sucedía al Director de Compras. La causa eran muchos pedidos, problemas con los suplidores y algunos equipos que necesitaban mantenimiento. Todos eran funcionarios dedicados, con amplia experiencia, y amaban a su empresa. Recibían buenos salarios y compensaciones. Un bono navideño por utilidades de la empresa. 1 mes de salario extra en Navidad, 4 días de asueto en Semana Santa y 4 para Carnavales, libre el 24, 25 y 31 de diciembre, además de una excelente fiesta de fin de año. Podría decirse que era una empresa fuera de serie en estos de comienzos del siglo XXI.

 

Este año se graduarían de secundaria 6 empleados y 4 en la Universidad, todos becados por la empresa. Una inversión justa y saludable que había logrado el sindicato. Así todos ganaban. Esta empresa era un digno ejemplo para muchas otras del país. Todos los empleados se manejaban como una familia y no escatimaban esfuerzos para contribuir con la misma. Se sentían orgullosos de ser parte de Químicos Nacionales, S.A.

La reunión se dio puntual, a las 3:00 p.m. La diferencia de edades y sexos de los Directores no afectaba negativamente el desarrollo de estas, al contrario, los uno se contagiaban positivamente de los otros. Había buenos funcionarios de más de 60 años y otros que apenas alcanzaban la mayoría de edad.

Salieron a las 5:30, cada uno a sus deberes de hogar. Miryam tomó el autobús hacia su casa y al llegar le informaron que la había llamado la esposa de “Chupeta”. Rápidamente marcó el número de la casa de su compañero. Una voz entrecortada de mujer le dijo,-... señora Miryam se nos fue ¡“Chupeta”!-... Un llanto desgarrador fundió a las dos mujeres.-... No puede ser, Dios mío, ¡por qué te lo llevaste!, exclamó Miryam..., y ¿dónde estás?,... ¿puedo ir a verlo?, preguntó Miryam;-... ¿ya le avisaron al señor Mathieu (Gerente General)?,...- no,... le respondieron.. – El diálogo lúgubre parecía no tener fin, como no lo tuvo la noche de ese viernes negro. Lo enterraban el domingo y la velación sería en los salones de la casa funeraria que contrataron; cerrada de negro, Miryam Novarro se presentó a la casa funeraria ese domingo a la hora señalaba. La funeraria tenía 4 salones de velación, 3 de los cuales estaban ocupados por diferentes difuntos ese mismo día.

 

Confusa y llorosa, Miryam entró al salón “Reyno de los cielos” como le indicó el conserje. – Temblorosa se acercó al féretro que estaba en medio de la sala. El dolor y la angustia, el pesar y el llanto le impedían levantar el rostro. – No saludó a nadie, estaba como aturdida. En ese momento, cruzaron por su mente múltiples visiones que le mostraba su álbum de recuerdos. Sin duda, “Chupeta” dejó anécdotas gratas como hombre trabajador, cumplido, honesto, fiel, servicial, que con su buen humor y sus chistes, ponía la nota alegre que contagiaba a todos. Por eso, en aquel momento de profundo dolor y tristeza, Miryam no aceptaba la realidad. –Miró por la ventanilla del ataúd. El rostro estaba desfigurado..., rompió en llanto y controlando la voz, le dijo al cadáver, ¿qué te han hecho “Chupeta”, leal compañero?, no te reconozco... te han dañado todo, te han quitado la vida...., cuánta falta nos vas hacer “Chupeta”...- Las lágrimas brotaban sin parar. Era el dolor de amiga, no de jefe, el que la ahogaba.

Los familiares del difunto extrañaban que “la señora Miryam” no estuviera en el salón “Divino Niño”, donde velaban a “Chupeta”. Mathieu, al frente de sus compañeros subalternos, alzaba la mirada buscando a Miryam hasta que la divisó y se dirigió hacia ella. Su mano fuerte se posó en el hombro derecho de su secretaria, sorprendiéndola en su ánimo adolorido.

Dulcemente, como el amigo  más humilde y generoso, la atrajo hacia su pecho. – Él también lloraba... y al estrecharla contra sí, le dijo pausada y lentamente, como si fuese un ruego, con un nudo en la garganta...,- Myriam, el cadáver de “Chupeta” se encuentra en el salón de al lado.


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540822
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América