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Llueve otra vez


La lluvia con sus puntos suspensivos hechos de nubes recién paridas y sus vertiginosos, puntos y comas (sí los rayos), siempre me ha resultado un apabullante espectáculo. Me refiero a esos aguaceros que son noticia en los medios, es decir aguaceros con personalidad, que reclaman su presencia en la primera plana y en las últimas noticias de la tele. Para algo inunda barriadas, derriba puentes, desborda ríos…

La lluvia santifica a los mortales. Los hace detenerse. Les permite un instante bajo el alero de un edificio, en la comunidad que se forma en las paradas atestadas o bajo un paraguas. Durante ese instante, que es todo el tiempo del mundo, somos libres, somos dueños de nuestras vidas. Nada reclamamos mientras ocurre ese “ver llover”. Es una forma de ceguera: no es necesario soñar, pensar el futuro, esperanzar, ¿para qué? Tampoco se nos ocurre nostalgiar, imaginar el ¿cómo hubiera sido mi vida sí hubiera compartido el paraguas con la rubia que acaba de subir al bus de la ruta “terminal directo”, sin saber que, aunque no lo sepa, está enamorada de mí? Vaya, esa iba a ser la madre de mis hijos…

Pero bueno, la lluvia, llueve y llueve, sigue haciendo su discurso repetido de persistencia.

 

Los truenos ejercen su rigor y los rayos le hacen unos dibujos eléctricos e instantáneos a las nubes que se deshacen sobre la ciudad, bueno, sobre una parada en la vía Ricardo J. Alfaro, cuyo alias, no se puede ser hijo de un país con ínfulas como el nuestro, si no contamos con un alias, y que para más señas le dicen Tumba Muerto.

No hay oda, recompensa, libro, discurso de consagración, salario, posición laboral que derrote el encanto de la lluvia. Puede que los damnificados de alguna inundación maldigan tanta agua; puede que se lamenten los de algún campo porque no tienen ni una gota, es un juego de haz y envés, luces y sombras que nos ha tocado vivir: eso es estar en ambos lados de la eternidad.

La lluvia se ha metido en mis zapatos de filósofo descalzo y debo subir al bus, atestado de vencidos, cuyo propósito será escapar de esta lluvia tenaz de viernes quincenal, llegar al barrio de la cruz crucificado, donde seguramente, esto se llama Panamá, también estará diluvio con el valor agregado de que se habrá mojado la ropa, el colchón y los libros.

 

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584417
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América