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Lo primero: ¿el huevo o la gallina?


Es verdad absoluta, que el Comité Olímpico Internacional protege a sus afiliados, hasta donde los propios gobiernos no alcanzan. Pero también lo es, que no son los comités olímpicos de cada país, los que escogen a los atletas de cada disciplina, para representarnos en cualquier evento internacional. Esa potestad es de las federaciones, que deben respetar las leyes de la Nación.

Para muestra, valga un botón. En 1922, el fútbol uruguayo, su dirigencia, se dividió. La Asociación Uruguaya de Fútbol, oficialmente reconocida por la FIFA, tuvo la oposición de la Federación uruguaya, encabezada por uno de los clubes de mayor prestigio, Peñarol, que, al igual que Central y otros clubes no tuvo jugadores en la selección olímpica de 1924.

Dos dirigentes de la época, Numa Pesquera y el Dr. Atilio Narancio, líricos y altruistas, invirtieron de su propio pecunio, para hacer posible la travesía. Hasta el mismo Jules Rimet, presidente de la FIFA, tuvo que hacer valer su influencia, para poder inscribir a tiempo a Uruguay, en los VIII Juegos, ya que el Comité Olímpico uruguayo dilataba el registro, con el “pretexto de la falta de recursos y el probable ridículo”.

 

En los diarios y revistas de la época, figuran hasta los nombres de funcionarios de cuarta o quinta categoría, vinculados a la hazaña del fútbol charrúa, pero ninguno del Comité Olímpico uruguayo. ¿Pura casualidad?.


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617217
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América