En abril de 1997, diez pequeños comerciantes del libro fundamos la Cámara Panameña del Libro, la cual se inscribió de inmediato como miembro del Grupo Iberoamericano de Editores, que es el ente que agrupa todas las Cámaras del Libro. Me tocó ser la primera presidenta con el ánimo de que fuera por un periodo, pero no fue así, nadie quería la presidencia y tuve que ejercerla por 10 años.
Cuatro años después (2001), decidimos llevar a cabo la primera Feria Internacional del Libro, con Costa Rica como país invitado. Tuve que buscar un comité organizador fuera de la Cámara para que nos ayudara a llevar a cabo el proyecto, en vista de que en el gremio éramos muy pocos.
Esta feria estuvo a punto de ser cancelada por falta de fondos, pero finalmente se llevó a cabo con gran éxito. Mi oficina privada servía como sede de la Cámara y participaba todo el gremio en las reuniones, pero aún no se integraban las empresas grandes y esto se debía a que -pese al gran éxito obtenido en la primera feria del libro-, muchas empresas no creían en este nuevo proyecto.
A fuerza de trabajo se fueron incorporando hasta llegar a integrarse un 95% del gremio dedicado a la venta, edición y distribución de libros.
Tengo que reconocer como pilares de las ferias que me tocó organizar a Emma Gómez y a Rosa María Britton, quienes con otras personas hicieron posible que este proyecto se materializara. También debo reconocer el esfuerzo de Eduardo Benítez, quien por sexta vez logra llenar un salón para una jornada de derecho de autor.
Después de pasada la primera feria y con el dinero que nos quedó, pudimos asistir a ferias internacionales, realizar muchas ferias locales, capacitar a libreros y financiar el traslado de periodistas a las ferias en donde Panamá participaba para que se identificaran con este nuevo proyecto.
En el 2003, invitamos a Colombia en coincidencia con el centenario de nuestra separación de ese país, con un lema muy especial: “Unidos por la Cultura”. En esa ocasión, asistieron 18 autores colombianos, más una delegación de distintos países como lo fue Carlos Monsiváis, Rosa Montero y J. J Benítez. En ese año entraron 85 mil personas y allí se consagró la Feria como una de las mejores del área, y las demás ferias con Chile y España fueron, igualmente, de mucha calidad.
Al recorrer la última feria, vi con sorpresa y además con gran regocijo, que estuvieron representadas muchas instituciones del Estado, a las que jamás pudimos convencer de que adquirieran un puesto. Esto nos habla de que la feria creció cualitativamente, y la palabra estuvo presente en todo momento. Las presentaciones de autores panameños estuvieron siempre llenas, y esto tiene una sola lectura: el público participa de todos los ejes de la feria y ya exige calidad, porque hay conocimiento de lo que es una propuesta de feria del libro.
En esta ocasión, es mi deber hacer varias valoraciones que deben ser tomadas en cuenta.
1.- No se les deben cobrar los salones a los autores panameños por presentar sus obras. Ellos son los actores en una feria del libro; presentar un libro en Panamá es igual de caro o más que presentarlo en Guadalajara, que es la primera feria del libro del mundo en español.
2.- El pabellón infantil debe tener actividad ininterrumpida por los 5 días y un eje que tenga una continuidad, a fin de que los niños no solo se entretengan, sino que además salgan convencidos de que la lectura es divertida.
3.- Darles facilidades a las editoriales extranjeras para que participen de nuestra feria como se hace en todas las ferias del libro. Con la ventaja de que una editorial que viene es un potencial de edición para un autor panameño y diversidad para los lectores.
4.- La variedad de autores en las jornadas culturales hace muy atractiva la feria, aunque el país invitado traiga una delegación importante. La gente quiere identificarse con una figura que ha visto o ha escuchado.
5.- No debe repetirse el que se cobre el 7% en la entrada. Esto, o lo asume la Cámara o lo exonera el Gobierno, recordando que la Cámara es una ONG.
6.-El Teatro La Huaca no debe perder el brillo de las presentaciones artísticas, y estas se deben dar todos los días sin grandes vacíos, para que la gente se quede y disfrute de la parte artística.