Aquel aficionado corría como un lunático afectado por la emoción del fútbol. Se trasladaba por todo el estadio con una bandera puesta a hombros, hasta allí parecía que todo iba a salir bien.
La "Marea Roja" respondió a medias, para ser una categoría juvenil, puso su mancha en el Rod Carew, pero el tintero no le alcanzó para llenar ese inmenso coliseo.
Las chicas se pintaron de rojo. Ni sus camisetas escarlatas y labios carmesí ayudaron para que la selección nacional pasara directo a la siguiente ronda, en Estados Unidos.
Pero el fútbol es así. A veces grato, otras no. Es como una película de cine, en la que llevas a la chica adecuada y terminas aburriéndote por un guión apenas creíble.
Algo parecido fue Panamá ayer, que con un tiro sin peligro de Honduras, permitió un gol, del cual nunca se pudo reponer.
¿Culpa de Calderón? o ¿Culpa del terreno? era del guardameta, pero como este deporte es así, y el cuento se va desarrollando sobre la marcha, ¡puf! caímos para atrás como aquel cóndor de caricatura.
Los casi cinco mil fanáticos panameños que acudieron al coliseo abarrotaron los estacionamientos, lo que daba la impresión que el Rod Carew estaba repleto, pero no fue así.
Arrancando el partido todo parecía bueno para los locales, quienes implantaron un juego veloz e intenso, donde el gol llegaría tarde o temprano, pero en el momento en que la victoria se pintaba nuestra, llegó el gol rival.
Tras este tanto, la afición panameña decayó, en parte por la poca factura de la anotación, y en otra, porque la matemática empezaba a complicarse para los nuestros.
Los palcos del coliseo no se llenaron, ni siquiera a la mitad, prueba de que los abonados no se identificaron con esta Sub-23, que no levantó el ímpetu del pueblo panameño.
Como en todo evento, la fila en el coliseo era larga, ya el partido tenía casi 15 minutos de iniciado y la gente aún llegaba al Rod Carew.
La puntualidad no fue la mejor, pero más vale tarde que nunca, las familias aprovecharon la oferta para llevar gratis a sus hijos.
Los pequeñines siempre se ilusionan al ver un partido de fútbol, más si van con su padre, un perro caliente y una soda.
Al llegar al tercer y lejano piso del Rod Carew de inmediato reconocimos el grito del "Blin Blin Blin" de Gabriel Castillo.
Los colegas, cada uno aferrados a su cabina. La prensa escrita como siempre en la esquina derecha, observando desde el falso cielo lo que acontecía en el terreno de juego.
En el terreno de juego los fotógrafos apostaban por tomar la mejor foto de la victoria ante Honduras. Imagen que nunca tendremos. Así fue esta historia. Ahora a escuchar a Soda Stereo.