Hace unas semanas fui a San Francisco de la Montaña, poblado sumido en el corazón veragüense, para participar en único Festival de Arte y Literatura que tiene Panamá.
Dicho festival fue organizado por la Asociación de Escritores de Panamá y, más específicamente, por Edilberto González Trejos y José Luis Rodríguez P.
San Francisco de la Montaña es singular por muchas razones. Entre ellas, porque está posiblemente en el mero centro del continente americano. En adición, cuenta con una de las construcciones españolas más antiguas en Latinoamérica.
Y fue en ese lugar que conocí a un chico llamado Juan Pérez, aspirante a escritor. Asistió a un taller que impartí durante el festival y gracias al que recordé que calidad es mejor que cantidad.
En un cuaderno nuevo, seguramente comprado para la ocasión, llevaba una historia escrita con esmerada letra. Y el argumento no estaba mal.
Hablé con él sobre lo poco o mucho que he descubierto de la literatura, le di los consejos que creí necesitaba y puse a su disposición la página de acompañamiento literario escribirbien.net.
Conocer a Juan renovó mi fe en los caminos misteriosos de la literatura, en los modos en que, contra viento y marea, pero con el garbo de una dama, se abre paso y camina.