Sin lugar a dudas, que la inscripción de poco menos de un tercio de la población caballar existente para las reuniones hípicas, constituye un factor que incide directamente en la cantidad y la calidad de las competencias que se presentan semanalmente.
Si a ese déficit añadimos la desafortunada circunstancia de que el Cuerpo de Comisarios se vea en la forzosa y reglamentada obligación de “ordenar” que algunos equinos compitan fuera de las apuestas por su indocilidad, además de suspender y/o prohibir la participación de otros tantos, entonces se añade otro agravante a la crisis.
Traemos el tema a colación debido a que un vistazo a los tres informes de los comisarios correspondientes a la pasada semana, nos revela que varios ejemplares siguen reincidiendo en su comportamiento indócil y su resistencia a salir con el grupo, entre otras irregularidades.
Las causas de esta situación son muchas y van desde el trato agresivo que reciben algunos hasta traumas producidos con prácticas que no son cónsonas con las buenas costumbres que deben imperar en cualquier deporte.
Bien hacen los comisarios en salvaguardar el dinero de los apostadores, ordenando que estos caballos, que han perdido la brújula, no compitan en apuestas o no se les acepte inscripción hasta que se compruebe que corrigieron sus mañas.
En manos de quienes los cuidan, adiestran, galopan y montan, está la solución para evitar que tantos caballos se vuelvan locos después.