Deportes

Los amigos y las letras

Acá San Valentín es solo para enamorados. Trato de importar la tradición de celebrar la amistad para dar cobertura a los feos.


Pedro Crenes Castro (Escritor) / Escritor

En síntesis

Siempre he dicho que uno de los deportes que más me entusiasma es el de hacer amigos. Y si a la amistad le añado literatura entonces tengo que decir que lo mejor que esta me ha dado nunca, a parte de tantas horas de disfrute solitario, es amigos.

San Valentín (menos mal que Dios tenía un santo para los feos) siempre fue una excusa para juntarme con mis amigos de la escuela y celebrar que, a pesar de no tener novia, por lo menos no éramos tan feos como para que se nos negara la amistad. Por eso creo que San Valentín es el santo del amor y de los feos: con humor lo digo.

Acá en España, San Valentín es solo para enamorados. Trato de importar la tradición panameña de celebrar también la amistad para dar cobertura sagrada a los feos. No me hacen caso, pero tengo fe en que la cosa cuaje pronto. Ahora que tengo el amor, a pesar de la cara de antaño, no dejo de pensar en aquellos que no tienen pareja, pero tienen amigos y esa es también una manera de expresar amor. Así que los desparejados no se sientan solos, busquen a los amigos, allí hay refugio y mucho cariño. El amor ya llegará, no hay que desesperarse.

Tengo amigos poetas de melenas metafóricas y hasta calvos sin rima, cuentistas brillantes y oscuros, novelistas de largo y corto aliento, ensayistas sesudos que me animan a leer más, críticos literarios de los buenos y de los malos, periodistas rigurosos y hasta periodistas tendenciosos, escritores todos al fin y al cabo de ese lado de la orilla atlántica o de esta otra, que con cariño vamos viéndonos transcurrir las letras entre vinos y cervezas, entre lentejas y emparedados de pierna. Gente que me han tocado con todo lo bueno que tienen y le quieren a uno tal y como es, a pesar de los defectos.

En Salsipuedes compré hace años el “Libro quinto de lectura, El nuevo Sembrador” ¿se acuerdan?, el que usábamos en la escuela. Allí leí, en mis años de primaria, “¿Eres sincero?”, una lectura que me descubrió la historia de la amistad entre Pitias y Damon. Una historia conmovedora, de verdadera amistad, en la antigua Grecia. Resumiendo mucho: Pitias había sido condenado a muerte. Quiso ir a despedirse de su familia, pero el rey no se fiaba de él. Su amigo Damon se ofreció para quedarse en prenda, pero solo hasta el amanecer del día siguiente, sino sería ejecutado en su lugar. Se acercaba la hora de ejecución y Pitias no llegaba. Cuando ya estaban a punto de dar muerte a Damon, un hombre llega corriendo con todas sus fuerzas al lugar del ajusticiamiento. Era Pitias cuyo caballo había muerto en el camino de regreso. El rey, al ver semejante muestra de afecto, perdonó a los dos. ¿Qué les parece? ¿Cuántos están dispuestos a correr por sus amigos? Años después, en un ensayo de Pedro Laín Entralgo que se llama “Sobre la amistad”, volví a encontrarme con esta narración clásica y aleccionadora sobre la amistad.

Pero también tengo mis buenos amigos taxistas (no todos son escritores), trabajadoras de la limpieza, chinitos con su tienda, viudas con sus recuerdos listos para compartir, hombres sabios en muletas, mujeres hermosas con su carita de “yo no fui”, pero con un corazón grande como el volcán Barú, panameños en un exilio madrileño parecido al mío y hasta un español con aires latinoamericanos que ama las letras de allá y quiere poner una editorial para publicar los libros que le dé la gana.

Para eso están los amigos, para quererlos y punto, para irles con las lágrimas o las risas o las letras o las nostalgias. Así es la amistad, una fauna y una flora siempre exótica, llena de riesgos (como el de Pitias y Damon) para el alma, riesgos que valen la pena asumir todos los días del año.


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863458
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América