Como docente observo con preocupación la baja matrícula universitaria en los centros oficiales. Año con año desciende más y más. Me entristezco por qué me pregunto ¿a dónde se fueron los jóvenes pobres de este país? ¿Será que ya no hay pobres? ¿Será que hay tanto dinero en Panamá que todos estudian en universidades privadas? Según encuesta que realicé entre mis estudiantes en la que les pregunté por ejemplo: ¿En sus comunidades hay muchachos y muchachas graduados de secundaria que no asisten a la universidad? Me enteré que hay una enorme población en esa condición. Entonces pensé que quizá trabajaban, pero me informaron que tampoco tenían empleo. De allí que ni estudian ni trabajan por lo que les dicen “los ninis”. Indagué, entonces, si sabían por qué no asistían a la universidad. La respuesta me dejó fría: muchos intentaron entrar y el examen de admisión no lo pasaron; en los demás, la historia frustrante de los otros los convenció de la dificultad de las pruebas de ingreso y ni siquiera lo intentaron.
En parte, me sentí culpable. Desde el lejano 1984, he sido parte del equipo que elabora las pruebas. Esta situación me llevó a reflexionar y a usar este espacio para enviar un mensaje a las autoridades de la Universidad de Panamá: debemos cambiar, porque de lo contrario la Universidad Nacional se convertirá en un enorme, solitario y vacío dinosaurio. Así la percibo a veces. Me siento como habitante de un planeta extinto. Docente casi en soledad… Para los que enseñamos dejando el alma, esta es una realidad desgarradora; para los que venimos de lugares sórdidos y nos superamos, esto provoca ira y dolor, pues la juventud humilde se pierde en meandros de ocio, delincuencia y droga; porque bien sabemos que la riqueza siempre será para unos pocos. Los ninis no tienen cuentas millonarias, pero sí un futuro desalentador que a mediano plazo impactará en la maltrecha seguridad del país. Urge que intervengamos.
Considero que un curso propedéutico de dos meses podría ser una solución para permitir que la mayor cantidad de jóvenes ingresen y darles, y darnos, una oportunidad para profesionalizar a una enorme cantidad de panameños y de esta manera coadyuvar al desarrollo de un país que cada día exige la formación de más profesionales competentes. De lo contrario, dentro de unos años tendremos que buscar profesores y otros expertos en el extranjero. No repitamos desagradables historias, miremos con luces largas y ajustémonos a las nuevas realidades.