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Los premios vienen solos

Alguna vez le dije a un escritor panameño, sobre el cual tengo muchas expectativas, que esperaba que cuando le otorgaran el premio Nobel de Literatura ...


Alguna vez le dije a un escritor panameño, sobre el cual tengo muchas expectativas, que esperaba que cuando le otorgaran el premio Nobel de Literatura me permitiera entrevistarlo con la misma comodidad como lo he hecho hasta ahora.

Su respuesta fue que se dedica a la escritura para llenar otras necesidades humanas y no tanto para acumular premios.

Hay muchos escritores, tanto nativos como de otras latitudes que piensan igual, aunque la mayoría coincide en que, si bien es cierto los premios no son los que dicen si un escritor y su obra es buena, contribuyen mucho a sacarlos del anonimato y a suplirles de algunos dólares que en algo ayudan a resarcir las horas de estudio, reflexión y sacrificio que implica ser escritor.

 

Desde esa perspectiva, no podemos más que aplaudir de pie los múltiples concursos literarios organizados en el sector oficial, así como las numerosas iniciativas particulares que se están dando en el país para estimular a los escritores.

Sin embargo, nos queda un sinsabor cuando en muchos casos resulta evidente que los participantes son advenedizos de temporada que se aparecen de concurso en concurso para ver cómo les va.

Es difícil probar esto de primera mano debido a que las obras en todos los concursos se presentan mediante seudónimos, pero es fácil darse cuenta cuando uno ve quiénes son constantes, inquebrantables y activos en el ejercicio en comparación con quienes se pierden detrás de la cortina humo, después de los concursos.

 

Lo rescatable es que se ha logrado que los escritores se vayan clasificando y así hay concursos destinados a determinada franja etaria y otros cuyo eje es el género literario.

También se han abierto importantes espacios para una nueva generación de escritores, muchos de los cuales tienen un potencial inmenso. Pero no deja de ser necesario que sigamos apostando por la calidad y no por la cantidad.

Debe ser una norma -aunque no esté escrita- que los autores maduren sus obras y las rehagan las veces que sea necesario porque no olvidemos que el fin último de un artista es lograr la obra perfecta.

 

Los concursos vienen y van, pero la buena obra resiste los embates del tiempo y el escrutinio de la historia. Esa es la diania a la que deben apuntar. Después, los premios vendrán solos.


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987415
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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